Aunque nocivos, los insecticidas son de vital importancia para la industria agrícola, pues gracias a ellos pueden controlar la presencia de insectos que dañan los cultivos. El problema con ello es que estos no solo resultan tóxicos para los insectos invasores, sino también para otras especies que juegan un papel clave en el equilibrio ecológico de nuestro planeta, como las abejas y otros polinizadores.

De hecho, una nueva investigación ha arrojado nueva evidencia de que durante los últimos 20 años, los insecticidas aplicados a los paisajes agrícolas de los Estados Unidos se han vuelto significativamente más tóxicos para las abejas. Los detalles se publicaron en la revista Scientific Reports.

Uso de insecticidas con pocos beneficios

La familia de insecticidas más utilizada en el mundo es la de los neonicotinoides, comúnmente empleada como recubrimiento de semillas en cultivos de maíz y soja. Cuando estos se aplican, las plantas en crecimiento absorben parte de la sustancia distribuyéndolo a través de sus tejidos. El resto se pierde en el medio ambiente.

Sin embargo, varios estudios han demostrado que este tipo de tratamientos insecticidas para las semillas tienen beneficios insignificantes en los cultivos de diferentes regiones. Por lo general, los productores no tienen opción de comprar semillas que no hayan recibido estos tratamientos y allí se expande el problema, señala Christina Grozinger, distinguida profesora de entomología y directora del Centro de Investigación de Polinizadores de Penn State.

Estimación de la carga tóxica de las abejas melíferas

La carga tóxica vía oral de las abejas aumentó en 9 veces, en promedio, en EE.UU. Crédito: Margaret Douglas del Dickinson College.

Para esta investigación, el equipo consultó varias bases de datos públicas que incluyen las del uso de insecticidas del Servicio Geológico de EE.UU., los datos de toxicidad de la Agencia de Protección Ambiental y los datos de superficie de cultivo del Departamento de Agricultura de los EE.UU.

En el documento se ha definido la carga tóxica como el número de dosis letales que recibieron las abejas de todos los insecticidas aplicados a las tierras de cultivo de cada condado incluido.

Los investigadores clasificaron las cargas tóxicas en función del contacto, como cuando una abeja se rocía directamente con el insecticida, y cargas tóxicas por vía oral, como cuando una abeja ingiere el polen o el néctar de una planta que ha recibido el tratamiento insecticida.

Entonces procesaron la robusta masa de datos extraída de las fuentes mencionadas para generar estimaciones anuales de la carga tóxica de las abejas melíferas a causa de los insecticidas aplicados entre 1997 y 2012 a nivel de condado.

Fue así como descubrieron que de 1997 a 2012, las libras de insecticidas aplicados disminuyeron en la en la mayoría de los condados, pero que a pesar de ello la carga tóxica de las abejas por contacto se mantuvo relativamente estable.

En cambio, se observó un aumento promedio de nueve veces de la carga tóxica de las abejas por vía oral a lo largo del país, incluyendo Iowa, Illinois e Indiana; la mayor parte de Missouri; y parte de Minnesota, Ohio, Kentucky, Nebraska y Dakota del Sur. Los autores también resaltan un segundo aumento más alto con 53 veces en las Grandes Llanuras del Norte.

Toxicidad relacionada con disminución de polinizadores

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La toxicidad vía oral en las abejas aumentó de manera significativa entre 1997 y 2012.

Grozinger destaca que este aumento de la toxicidad ocurrió durante el mismo período en el que se registró un declive generalizado de las poblaciones de abejas melíferas, polinizadores y otros insectos.

“Es problemático que haya un aumento tan dramático en la toxicidad total de los insecticidas en un momento en que también hay tanta preocupación por la disminución de las poblaciones de insectos polinizadores, que también juegan un papel muy crítico en la producción agrícola”.

Maggie Douglas, profesora asistente de estudios ambientales en Dickinson College señala que este aumento tan dramático de la carga tóxica oral en las abejas melíferas está relacionado con un aumento de los tratamientos con neonicotinoides hacia las semillas de maíz y soja.

“Este aumento dramático en la carga tóxica oral está relacionado con un cambio hacia el uso generalizado de insecticidas neonicotinoides, que son inusualmente tóxicos para las abejas cuando se ingieren”.

El problema puede ser más grave de lo que se cree

Se trata de un hallazgo interesante tomando en cuenta que muchos estados de EE.UU. han desarrollado planes de protección de polinizadores a fin de monitorear y tomar acciones contra los declives de las poblaciones de polinizadores.

Sin embargo, reconocen que el método común para evaluar el uso de insecticidas en términos de libras de insecticidas aplicados no da una imagen precisa del impacto ambiental que tienen estos.

Para Douglas, la carga tóxica de las abejas se puede considerar como un indicador alternativo en los casos en los que el impacto sobre estas especies no sean una preocupación. Pero este trabajo solo sirve como una referencia para identificar las áreas geográficas donde podrían centrarse los riesgos y los esfuerzos de mitigación de insecticidas, lo cual fue apoyado por Grozinger:

“Es importante tener en cuenta que el cálculo de la carga tóxica de las abejas proporciona información sobre la toxicidad total de los insecticidas aplicados a un paisaje. No calcula cuánto de ese insecticida realmente entra en contacto con las abejas, o cuánto dura el insecticida antes de que se descomponga. Se necesitan estudios futuros para determinar cómo la carga tóxica se asocia con los cambios en las poblaciones de abejas y otros insectos”.

Según indican, este el primer estudio que ha caracterizado los patrones geográficos de toxicidad de insecticidas para las abejas. Pero forma parte de un proyecto más amplio cuyo objetivo es investigar los factores estresantes que están afectado a las poblaciones de polinizadores en Estados Unidos.

Referencia:

County-level analysis reveals a rapidly shifting landscape of insecticide hazard to honey bees (Apis mellifera) on US farmland. https://www.nature.com/articles/s41598-019-57225-w