A veces parece que la cultura moderna se está desarrollando a un ritmo sin precedentes, incluso vertiginoso. Nuevas obras, géneros y estilos surgen constantemente impulsados ​​por el rápido progreso tecnológico. En contraste, la evolución biológica parece ser un proceso lento y acompasado de acumulación de mutaciones genéticas que se manifiestan luego de un largo cambio generacional.

Sobre la base del flujo incesante de cambios observado en el desarrollo de la cultura humana, muchos han afirmado que evoluciona mucho más rápidamente que los organismos vivientes. Sin embargo, de acuerdo a los resultados de una reciente investigación, hay pocas razones para creer eso.

Velocidad de desarrollo

Esto se debe a que la tasa relativa de evolución biológica y cultural es una cuestión cuantitativa, y aunque la tasa de evolución biológica se ha estimado muchas veces, no es el caso de la tasa de evolución cultural.

El estudio encontró que la cultura no cambia al azar, sino que está conformada por fuerzas selectivas que la estabilizan o hacen que evolucione en una dirección determinada.

En este sentido, un equipo de científicos del Imperial College de Londres analizó la velocidad de desarrollo de la música popular, obras de literatura inglesa, publicaciones científicas y diseño de automóviles, “poblaciones” de muestras culturales para las cuales existen extensos registros históricos recientes.

Por ejemplo, los científicos analizaron 17 mil pistas de música que figuraron en la clasificación Billboard Hot 100 entre los años 1960 y 2010. Para ello, se eligieron ciertos “signos” distintivos como la presencia de un ritmo o pérdida de guitarra, característico del staccato, el hip-hop y similares.

En el caso de los automóviles, se consideraron 16 parámetros de rendimiento y diseño de carrocería diferentes. Finalmente, para 2.200 obras de escritores británicos e irlandeses del siglo XIX, así como para 170.000 artículos publicados en la Revista Británica de Medicina (British Medical Journal), los investigadores seleccionaron 500 temas diferentes como “atributos” que describen sus contenidos.

Cambios a ritmos similares

Los científicos compararon la tasa de cambio de estos “signos” y “atributos” culturales con la tasa de cambios evolutivos en los modelos biológicos clásicos: pinzones de Darwin, polillas moteadas y un caracol inglés.

La forma del pico de los pinzones de Darwin puede adaptarse rápidamente a los cambios en la dieta.

Al aplicar métricas desarrolladas por biólogos evolutivos para calcular las tasas de cambio para ambos grupos a lo largo del tiempo, los investigadores encontraron que los rasgos culturales y biológicos cambian a un ritmo similar.

Adicionalmente, el análisis de los datos reveló que la cultura no cambia al azar, sino que está conformada por fuerzas selectivas que la estabilizan o hacen que evolucione en una dirección determinada.

Los autores del estudio sugieren que estas fuerzas son probablemente la “selección cultural” y que la evolución de muchos rasgos puede explicarse por un modelo óptimo de selección que, a su vez, se basa en sesgos psicológicos conocidos en la apreciación estética.

En última instancia, señalan los investigadores, los resultados de la investigación muestran la profunda unidad de los procesos y patrones de la evolución tanto culturales como orgánicos.

Referencia: The pace of modern culture. Nature Human Behaviour, 2020. https://doi.org/10.1038/s41562-019-0802-4