La quimioterapia se administra comúnmente como terapia adyuvante en pacientes con cáncer, y aunque es eficaz para prolongar la supervivencia libre de enfermedad, tiene efectos secundarios debilitantes entre los que se encuentra la pérdida ósea.

La pérdida de hueso inducida por la quimioterapia se ha atribuido a la deficiencia de estrógeno que resulta de la insuficiencia ovárica. Aunque varios estudios clínicos han insinuado en este proceso participan otros mecanismos, estos han permanecido en gran parte inexplorados.

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Efecto evaluado

A fin de abordar esta brecha, un equipo de investigadores de la Universidad de Washington en San Louis realizó un estudio en ratones para evaluar el impacto de la terapia oncológica en la pérdida ósea.

El estudio mostró que la exposición a la quimioterapia y la radiación conducen a la pérdida ósea e identificaron a la senescencia celular como un mecanismo independiente del efecto.

La pérdida ósea se asocia con un mayor riesgo de sufrir fracturas, un tipo de lesión que impacta significativamente en la calidad de vida del sobreviviente. Esta propensión a la fractura se extiende más allá de la terapia en sí.

Actualmente, las opciones de tratamiento disponibles para los pacientes que sufren de pérdida ósea inducida por la quimioterapia son los bifosfonatos, el denosumab, medicamentos recetados para tratar la osteoporosis y la osteoartritis.

Dado que existe una relación exponencial entre la pérdida de hueso y el aumento del riesgo de fractura, los pacientes argumentan que se necesitan inhibidores seguros y potentes que los protejan de la pérdida de hueso al tratar el cáncer.

En este sentido, el equipo de investigación evaluó en ratones clínicamente relevantes el efecto de dos medicamentos de uso común en la quimioterapia (doxorrubicina y paclitaxel) y de la radiación.

Actor protagónico

El equipo pudo evidenciar que, independientemente de los niveles de estrógeno, ambos enfoques detuvieron la división celular en el hueso, un proceso conocido como senescencia celular, revelando un actor protagónico de la pérdida ósea asociada a la terapia oncológica.

La pérdida ósea se asocia con un mayor riesgo de sufrir fracturas, un tipo de lesión que impacta significativamente en la calidad de vida de los sobrevivientes de la enfermedad.

Además de encontrar que la senescencia y su fenotipo secretor asociado contribuyen a la pérdida ósea inducida por la quimioterapia, los investigadores evidenciaron que este perjudicial efecto puede limitarse agotando las células senescentes.

En este sentido, los el equipo de investigación demostró que al dirigirse a las células senescentes y a sus moléculas efectoras posteriores, los inhibidores p38MAPK o MK2, dos medicamentos que actualmente se están evaluando en ensayos clínicos, es posible preservar el hueso a los efectos de la quimioterapia.

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Estos datos combinados con hallazgos previos de que la inhibición de p38MAPK y MK2 puede reducir significativamente el crecimiento del cáncer de mama metastásico, sugieren que la inhibición de estas vías de señalización clave tendrá un beneficio añadido para los pacientes tratados con quimioterapia.

En conjunto, explican los autores del estudio, estos hallazgos pueden conducir a tratamientos para la pérdida ósea inducida por la terapia, aumentando significativamente la calidad de vida de los sobrevivientes de cáncer.

Referencia: Therapy-induced senescence drives bone loss. Cancer Research, 2020. https://doi.org/10.1158/0008-5472.CAN-19-2348

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