Los viajes al espacio son motivo de asombro para muchos y una fuente de inspiración y fantasía para otros. En aquello en lo que todos pueden concordar es en que se trata de una tarea ardua y que requiere de mucha preparación para ser realizada.

Luego del impulso que ocasionó la “carrera a la Luna” muchos esfuerzos comenzaron a languidecer. Incluso, los vencedores de dicha competencia (EE.UU. y la NASA) se vieron en la necesidad de dejar atrás este tipo de proyectos.

Ahora que están regresando, tienen mucho con lo que ponerse al día. Y, para no quedarse atrás, han dado un paso innovador y se han decidido aliar con el sector privado para llegar a cabo sus planes. De entre las compañías candidatas, hubo una que se destacó: SpaceX. Luego de variadas pruebas con la misma, esta finalmente casi ha terminado con las evaluaciones. Ahora, la última de estas implica destruir una de sus propias creaciones –por el bien de la ciencia.

La prueba final

Para este 19 de enero del 2020, SpaceX llevó a cabo lo que sería la prueba de vuelo final de uno de sus cohetes más avanzados, el Falcon 9. Sin embargo, la misión del coloso no tenía planteado que este siquiera alcanzara a dejar la atmosfera.

De hecho, a tan solo 83 segundos del lanzamiento, la misión recibió la orden de abortar. Allí es donde comenzó la verdadera prueba. La meta era lograr que la cápsula de mando de la nave (donde deberían ir los astronautas en un vuelo tripulado) aterrizara de forma segura. Aunque ello implicara la destrucción del resto del Falcon 9.

Pero, ¿por qué?

Todo esto ha tenido lugar ya que el protocolo de emergencia se trata de una de las medidas de seguridad más importantes de un viaje al espacio. La posibilidad de abortar un lanzamiento y devolver a los tripulantes sanos y salvos a la Tierra se trata de un elemento crucial en cualquier misión. Por ello, se trataba del punto decisivo en el que la NASA se fijaría para dar su aprobación a SpaceX.

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¿Cómo transcurrió todo?

Luego de que se diera la orden de abortar la misión, la cápsula de mando se desprendió del resto del Falcon 9. Este, al perder su eje, no tuvo el balance suficiente para avanzar y terminó por desplomarse.

Por su parte, la cápsula de mando utilizó sus propulsores para arreglar su curso justo antes de iniciar un suave descenso acompañado por 4 paracaídas. Se esperaba que esta cayera en el océano donde la Fuerza Naval de los Estados Unidos se encargaría de recuperarlo.

Ello, mientras todo era grabado y almacenado por distintos equipos de medición en la cabina, además de los maniquíes de impacto colocados allí para determinar el nivel de daño que podría haber recibido un tripulante durante el proceso.

“Astronautas estadounidenses…

… en naves estadounidenses, saliendo de suelo estadounidense”. De forma resumida, esta frase expresa lo que ha sido la meta del desarrollo de la NASA y de las otras compañías privadas dedicadas al desarrollo de naves espaciales.

Ahora, tras esta última prueba realizada por SpaceX, parece que finamente la NASA dará el visto bueno para retomar los programas de viajes espaciales en suelo nacional. Definitivamente, SpaceX ha sido capaz de ganarle la carrera a Boeing por la aprobación de la NASA.

Sin embargo, después de este gran paso, aún falta un tiempo para que este se traduzca en verdaderos viajes al espacio. Por lo menos, esta ocasión nos ha dejado con la esperanza de que ello llegará más temprano que tarde.

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