Quienes trabajen o estudien, seguramente tienen cambios drásticos entre los horarios de sueño entre la semana y los fines de semana. Sin embargo, la diferencia en las ocupaciones ambos periodos no solo puede impactar el ritmo del descanso, sino también de la alimentación en algo que los autor de una nueva investigación han llamado “comer jet lag”.

En su artículo publicado en la revista Nutrients, los investigadores de la Universidad de Barcelona concluyeron que la irregularidad en los horarios de alimentación durante el fin de semana podría estar relacionada con el aumento del índice de masa corporal (IMC).

Estudiando el jet lag de la alimentación

Los investigadores reunieron datos de una población de 1,106 jóvenes ubicados en España y México, con edades que iban de 18 a 22 años, analizando la relación entre el índice de masa corporal y la variabilidad en el momento de comer durante los fines de semana en comparación con el resto de los días de la semana.

Comer fuera de los horarios, aunque sea solo los fines de semana, está relacionado con obesidad.

Esta es la primera vez que los autores presentan el desfase horario de alimentación, un nuevo marcador que fue empleado para este estudio para recolectar los cambios en los horarios del desayuno, almuerzo y la cena.

Al analizar los resultados, encontraron que el cambio del horario de las tres comidas durante el fin de semana en efecto tiene una relación con el desarrollo de obesidad con apenas simples alteraciones.

El mayor impacto de dichos cambios sobre el IMC puede ocurrir con apenas una diferencia de 3.5 horas en los horaro de alimentación durante la semana. Cuando se excede este límite, puede aumentar el riesgo de obesidad, puesto que las personas del estudio mostraron justo este desfase horario aumentar su IMC en 1.3Kg/m2, según la autora María Fernanda Zerón Rugerio.

Es necesario destacar que estos resultados son independientes de la calidad de la dieta, el nivel de actividad física, la diferencia en los horarios de sueño durante los fines de semana (desfase de horario social) y la predisposición natural a un cierto horario de sueño (cronotipo).

Cronodisrupción en humanos

Los autores explican estos resultados a partir de la cronodisrupción, un concepto que se refiere a la falta de sincronía entre el tiempo interno del cuerpo y el tiempo invertido en actividades sociales

Y es que nuestro reloj interno está cronometrado para llevar a cabo las diferentes tareas fisiológicas a la misma hora del día, todos los días, lo cual establece un equilibrio que rige nuestro desempeño diario.

“Nuestro reloj biológico es como una máquina, y está listo para desencadenar la misma respuesta fisiológica y metabólica a la misma hora del día, todos los días de la semana. Los horarios fijos de alimentación y sueño ayudan al cuerpo a organizarse y promueven la homeostasis energética. Por lo tanto, las personas con una mayor alteración de sus horarios tienen un mayor riesgo de obesidad”.

El equipo asegura que este es el primer estudio que demuestra la importancia de mantener los horarios de alimentación, incluyendo los fines de semana, en el control del peso en los humanos.

Por supuesto, se necesita más investigación para conocer a fondo los mecanismos fisiológicos y las alteraciones metabólicas derivados de estos desfases. Pero por el momento, la recomendación es mantener los horarios regulares de alimentación para reducir un factor de riesgo influyente en la obesidad.

Referencia:

Eating Jet Lag: A Marker of the Variability in Meal Timing and Your Association with Body Mass Index. https://www.mdpi.com/2072-6643/11/12/2980