El uso antropogénico de la tierra ha afectado profundamente a gran parte de la superficie terrestre, contribuyendo a la extinción generalizada de especies y la pérdida de biodiversidad.

Los cambios en el uso de la tierra suelen estar acompañados de otros factores de estrés antropogénicos, como la contaminación, el establecimiento de especies invasoras, la explotación y la alteración de los ciclos biogeoquímicos.

Capacidad de recuperación

Se prevé que estos efectos se profundicen a medida que la población humana siga creciendo. Si bien algunos de estos efectos pueden ser irreversibles, los ecosistemas han demostrado una marcada resiliencia cuando se liberan de las presiones antropogénicas.

En respuesta al accidente nuclear provocado por un devastador tsunami, el gobierno japonés evacuó a los humanos en un área de 1.150 km2.

Un reciente estudio, realizado de manera conjunta por investigadores de la Universidad de Georgia y la Universidad de Fukushima, ofrece una muestra de esta capacidad de recuperación.

Casi una década después del accidente nuclear ocurrido en Fukushima Daiichi, Japón, tras un devastador tsunami, el equipo de investigación evidenció que las poblaciones de vida silvestre abundan en estas áreas desprovistas de presencia humana.

Los investigadores recopilaron una vasta y completa colección de fotos de vida silvestre, documentando más de 20 especies que han recolonizado el área alrededor de la planta nuclear siniestrada, incluidos macacos, perros, mapaches, liebres japonesas y jabalíes.

El equipo reunió y comparó datos fotográficos de tres zonas que difieren en términos de habitación humana. El primero cubrió un área donde los humanos fueron excluidos debido a los altos niveles de contaminación. El segundo, un área donde los humanos están restringidos debido a un nivel de contaminación menor, pero aun razonablemente alto, y el tercero que permanece habitado, que sirvió como control.

Impacto de la radiación

En total, los investigadores recolectaron más de 267.000 fotos de vida silvestre capturadas en el transcurso de 120 días. Las imágenes muestran que varias especies están floreciendo en la zona de exclusión, apareciendo con mayor frecuencia en áreas que están completamente deshabitadas por los humanos.

El serow japonés, un animal parecido a una cabra, parecía preferir las zonas rurales de tierras altas habitadas por humanos.

El jabalí, la especie más abundante, apareció en más de 46.000 fotografías. Los investigadores encontraron que era tres veces más abundante en la zona de exclusión humana que en la zona habitada por humanos.

Aunque hubo una excepción: el serow japonés, un animal parecido a una cabra –símbolo nacional de Japón– parecía preferir las zonas rurales de tierras altas habitadas por humanos.

La especie generalmente mantiene su distancia de los humanos y este extraño comportamiento puede ser una estrategia adaptativa para esquivar las comunidades de jabalíes robustamente pobladas que viven en otros lugares, explican los investigadores.

Si bien la abundancia de vida silvestre observada en la zona de exclusión puede ser vista como una señal positiva, no es necesariamente indicativa de la salud animal. De hecho, la investigación ha sugerido que la exposición a largo plazo a la radiación podría dañar la reproductividad animal, aunque se desconoce su efecto total sobre la salud animal.

Es sabido que la radiación tiene el potencial de causar mutaciones a nivel molecular, afectar la reproducción y causar otros tipos de daño celular. No obstante, señalan los autores, si hay algún impacto relacionado con la salud por la exposición a la radiación, no se manifiesta de manera generalizada en las poblaciones de estas especies.

Referencia: Rewilding of Fukushima’s human evacuation zone. Journal of Frontiers in Ecology and the Environment, 2020. https://doi.org/10.1002/fee.2149