Cuando empezamos a investigar sobre el sobrepeso, la obesidad y las formas de revertirlos, uno de los primeros términos con los que nos toparemos es el de índice de masa corporal (IMC). Esta es una simple medida del peso en función de la estatura y la edad.

Y a pesar de que sirvió de referencia durante un buen tiempo, son muchos los especialistas que han expresado su desconfianza respecto a esta medida, que a su parecer pasa por alto muchas diferentes relevantes en cada tipo de cuerpo. De hecho, ya esta no es una métrica fiable de salud de una persona.

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Y es que una persona puede tener el mismo peso que otra, ambos un poco mayores que los que estipula como saludables el índice de masa corporal, pero una ser más saludable que otra. Una podría tener más músculo y la otra más grasa. He allí la importancia de dichas diferencias.

“Puedes tener personas que tengan exactamente el mismo peso corporal”, dijo la experta en nutrición Carla Prado. “En la escala, se ven iguales. Pero cuando miras la composición de su cuerpo, la cantidad de músculo es muy diferente”.

La peor parte es que el descenso conlleva una variedad de peligros para la salud. Prado revisó casi 150 estudios sobre el tema publicados en un solo año y encontró que los pacientes que tienen una baja masa muscular experimentan más complicaciones, estadías hospitalarias más largas y tasas de supervivencia más bajas.

Las consecuencias de la ausencia de masa muscular

Funcionamiento Del Musculo
El músculo interviene en la movilidad, la regulación de las hormonas, las funciones metabólicas y la función de los órganos.

En el pasado, los investigadores notaron que a los pacientes con enfermedades crónicas que tenían un IMC más alto a menudo les iba mejor que a los pacientes con IMC bajo. Hallazgos polémicos considerando que el sobrepeso está asociado con la mala salud. Prado cree que la respuesta está en el músculo y no la grasa.

La experta considera que es necesario indagar en las investigaciones sobre la influencia de la composición corporal en la forma en que se tratan enfermedades crónicas. Por ejemplo, tratamientos como la quimioterapia se administran en función del peso corporal, y los pacientes con obesidad y baja masa muscular tienen un mayor riesgo de toxicidad al someterse a ella.

Una enfermedad grave puede acabar con el reservorio muscular de un cuerpo rápidamente en comparación con lo difícil que es formarlo. Y ese músculo perdido es de vital importancia. Más allá de facilitar la movilidad, estos intervienen en la regulación de las hormonas, las funciones metabólicas y la función de los órganos.

“El músculo es muy importante para el movimiento y el equilibrio, para la postura, la fuerza y ​​la potencia, pero también es un reservorio de aminoácidos. Cuanto más se pierde, mayores son las consecuencias”.

El músculo es difícil de formar, pero fácil de perder

Un paciente anciano puede perder más de un kilogramo de músculo pasando tres días en cama hospitalizado.

Es por ello que tan solo tres días en cama en un hospital, un paciente anciano puede perder más de un kilogramo de músculo. Un adulto sano que ingresa al hospital durante 10 días puede perder el cinco por ciento de su masa muscular total en dicho período. Estas cifras aumentan al 18 por ciento en una unidad de cuidados intensivos.

“Puedes perderlo tan rápido, pero reconstruirlo lleva meses. ¿Te imaginas un kilo tratando de subirlo en una semana más o menos? Es casi imposible”.

La pérdida del 10 por ciento músculo también conduce a una inmunidad deteriorada, y por lo tanto, un mayor riesgo de adquirir infecciones. 20 por ciento implica debilidad corporal y una curación más lenta. 30 por ciento de músculo perdido deja a un paciente débil para sentarse, y si se llega al 40 por ciento el efecto es fatal.

Prado es adepta a la idea de que las intervenciones dietéticas que promuevan la construcción muscular pueden usarse para prevenir o tratar las enfermedades como el cáncer. Aumentar las proteínas y nutrientes para el desarrollo muscular podría modificar radicalmente los resultados.

Referencia:

Prevalence and clinical implications of sarcopenic obesity in patients with solid tumours of the respiratory and gastrointestinal tracts: a population-based study. https://www.thelancet.com/journals/lanonc/article/PIIS1470-2045(08)70153-0/fulltext

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