Los australianos que han estado respirando humo tóxico producto de los fuertes incendios forestales que han ocurrido en las últimas semanas, tendrán que esperar años para saber qué impactos podrían tener en la salud, ya que los expertos indican que no hay precedentes de la crisis en curso.

Esto se debe a que los eventos anteriores de incendios forestales habían sometido a los civiles a la contaminación por humo durante un par de días, una semana como máximo. Desde hace décadas no se han registrado incendios tan prolongados o tan extremos como los actuales.

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Mayor riesgo

Si bien eso significa que se han realizado pocas investigaciones sobre los efectos duraderos de la exposición al humo de los incendios forestales durante semanas o meses, estudios previos han mostrado que los residentes de ciudades altamente contaminadas tienen un mayor riesgo de sufrir ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y diabetes con el tiempo.

La mala calidad del aire ha tenido un efecto devastador en la cotidianidad de los australianos. La mayoría de las actividades deportivas y recreativas se han suspendido.

Para los australianos que padecen la crisis de incendios forestales, y que han visto cómo el humo ha cubierto Sídney, Melbourne y la capital Canberra, las implicaciones siguen sin estar claras.

De acuerdo a un importante número de investigaciones, el impacto de la contaminación atmosférica no se limita al sistema respiratorio sino que afecta todas las partes del cuerpo. Cada vez hay más pruebas sobre la contaminación del aire y las afecciones neurológicas, por ejemplo, la enfermedad de Parkinson y el Alzheimer.

Los incendios forestales contribuyen a la contaminación atmosférica porque producen y propagan en el aire partículas lo suficientemente pequeñas como para penetrar y dañar el tejido pulmonar humano.

Mala calidad del aire

Es probable que en una persona sana los impactos sean bajos, pero para las personas que tienen una enfermedad cardíaca preexistente, presión arterial alta y colesterol alto, la contaminación del aire podría provocar fallas cardiacas, incluso ataques al miocardio.

Debido a los voraces incendios forestales, Canberra –la capital australiana– ha recibido el indeseable honor de ser reconocida como la ciudad con la peor calidad de aire del mundo.

Uno de los pocos estudios de desastres comparables es un proyecto de investigación de 10 años que examinó los impactos en la salud del incendio de la mina de carbón Hazelwood en el valle de La Trobe de Victoria, a principios del año 2014.

Los primeros hallazgos de esa investigación mostraron cambios medibles en los pulmones de los niños pequeños expuestos al humo del fuego, ya sea como bebés, niños pequeños o en el útero.

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Si bien hay cierta incertidumbre en cuanto al impacto en la salud humana de la contaminación atmosférica originada por los voraces incendios forestales a mediano y a largo plazo, la mala calidad del aire ya tiene un efecto devastador en la cotidianidad de los australianos.

Una cantidad de eventos deportivos, festivales tradicionales, conciertos y otras actividades han tenido que ser suspendidos. Quizás la demostración más destacada de que la vida cotidiana se ha detenido en Canberra es que el servicio postal (Australia Post) suspendió la entrega y recepción de correos.

Referencias:

Health Impacts of Wildfires. Plos Currents Disaster, 2012. https://doi.org/10.1371/4f959951cce2c

Air Pollution (Particulate Matter) Exposure and Associations with Depression, Anxiety, Bipolar, Psychosis and Suicide Risk: A Systematic Review and Meta-Analysis. Environmental Health Perspectives, 2019. https://doi.org/10.1289/ehp4595

Sports matches and festivals cancelled: the impact of Australia’s bushfire smoke on its major events. The Guardian, 2020. https://bit.ly/37IW7Xp

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