Los programas animados, muchas veces se valen del recurso de la humanización para dar características humanas a animales y objetos, ya que, de este modo nos es mucho más fácil empatizar con ellos. Asimismo, incluso canales de vida salvaje, que nos muestran a los animales en su hábitat natural, utilizan este recurso para narrarnos sus vidas y darle una especie de sentido a lo que para ellos es natural y que para nosotros sería extraño.

Por ello, no es raro encontrar muchos paralelismos entre las conductas humanas y ciertos comportamientos animales. Sin embargo, de allí a pensar que los animales –exceptuando los monos– podrían ofrecer un reflejo cercano a nuestras conductas sociales existe un trecho. O, existía.

Gracias a esta nueva investigación, ha sido posible descubrir que una criatura tan distinta a nosotros como lo es el cangrejo ermitaño, podría tener mucho más en común con nuestra sociedad de lo que nosotros creemos.

Los cangrejos también tienen posesiones

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Si bien es cierto que no tenemos nada que ver uno con otro en apariencia y habilidades, es claro que sí existe un elemento que nos une, las posesiones. Así como el dinero es para nosotros un medio para vivir más seguros, sanos y cómodos, el caparazón lo es para los cangrejos ermitaños.

Por ello, esta se trata de la posesión más preciada de los mismos. Durante toda su vida, el cangrejo ermitaño crece, así que cada cierto tiempo debe verse en la necesidad de abandonar su pequeño caparazón para buscar uno más grande y cómodo.

Sin embargo, no todos consiguen el que se adapte mejor a sus necesidades ni el que les ofrezca la mejor protección. Es allí donde empieza a mostrarse la desigualdad entre estas criaturas.

Una extraña coincidencia

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Para poder descubrirla, el equipo de científicos se dedicó a investigar una especie particular de cangrejos ermitaños, medir su peso y tamaño, así como el de los caparazones que poseían.

En un principio, se plantearon varias hipótesis de lo que podrían encontrar, pero existían una que destacaba por su probabilidad. Ya que, se trataba de una distribución común en otras especies marinas.

En ella, se puede ver que la mayor cantidad de individuos (izquierda) son jóvenes y tienen caparazones más pequeños. Luego a la derecha se encuentra la minoría, más viejos, grandes y pesados. Esta se reduce ya que gran parte de la población tiende a morir a edades más tempranas.

Sin embargo, los resultados del estudio no coincidieron con este modelo. En su lugar, tuvieron muchas más similitudes con el esquema de distribución de riquezas asociado con las sociedades humanas.

En este, se nota que existe un gran sector de la población que cuenta con una riqueza media o promedio. Incluso, se encuentra el pico más alto en donde se encuentra el sector más grande de la población con una cantidad de posesiones “estándar”.

Luego, esta cantidad se va disminuyendo hasta encontrarnos con la punta (derecha) en la que se encuentran los individuos más ricos y favorecidos, entando en la punta más extrema aquellos que se consideran como el 1% de la población. Ahora, al mirar los resultados de la investigación, es posible notar que los cangrejos ermitaños tienen una distribución social muy similar a la nuestra.

La desigualdad es natural

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Gracias a lo presentado en este estudio, podemos llegar a notar que incluso en la naturaleza, entre unas criaturas tan distintas a nosotros, se puede presentar un fenómeno que se creería exclusivo de la especie humana.

Obviamente, el tipo de desigualdad que tiene nuestra sociedad se trata de uno mucho más complejo debido a la existencia de conceptos como la economía y la cultura, así como también a nuestra capacidad cerebral ampliamente superior. Sin embargo, en un nivel primitivo, la inequidad de los cangrejos ermitaños casi puede relacionarse con la existente en sociedades antiguas y menos avanzadas.

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Como una conclusión del estudio, los científicos aseguran que entonces, en al menos una especie animal, es posible ver de forma natural la inequidad que se presenta en nuestra sociedad. Sin embargo, aseguran que ello más que en un indulto se transforma en una alerta.

Ya que, el marcado nivel de desigualdad que tenemos en la actualidad se trata de un proceso inédito y que se sale de los estándares naturales. Los investigadores consideran que el estudiar y entender la distribución de las riquezas en los cangrejos ermitaños a la larga podría ser una forma de comprender en micro nuestra propia inequidad y comenzar a regularla, y combatirla. Por ahora, el primer paso sería comenzar a entenderla.

Referencia:

A comparison of wealth inequality in humans and non-humans: https://doi.org/10.1016/j.physa.2019.122962