Durante este año 2020 sucederá algo que vemos de forma periódica cada cuatro años, y es que tendremos un día más en el calendario, específicamente en febrero, que indica que se trata de un año bisiesto.

Muchos sabrán que esta alteración en nuestro calendario se debe a que, de alguna forma, había que arreglar el desfase de la duración de año trópico. Es decir que el año, matemáticamente hablando, dura 365,242189 días, lo cual se puede traducir en 365 días, 5 horas, 48 minutos, 45,10 segundos.

Pero, ¿cómo se llegó a esa conclusión? Eso venimos a explicarte.

Desde la Antigua Roma

En el año 49 a.C, Julio César se dio cuenta de que el calendario romano no era completamente acertado con respecto al Sol, y para es entonces ya habían transcurrido siglos de desfases en este sentido. Además, durante uno de sus viajes había encontrado un calendario más atractivo, el egipcio. Por eso, delegó al astrónomo Sosígenes de Alejandría la tarea de diseñar un calendario nuevo y más acertado con respecto a la rotación de la Tierra.

Entonces, Sosígenes, bajo las órdenes de Julio César, creó un calendario del año 48 al 46 a.C muy similar al egipcio, que contaba con 365 días y una variación cada cuatro años. SIn embargo, debido a todo el desfase anterior, el año 46 a.C se convirtió en el año más largo de la historia, pues tenía 445 días de duración.

Así fue como se creó el “año juliano”, también llamado el “año de la confusión”. El día extra que se le añadiría cada cuatro años iría situado en el mes de febrero, el cual era el último mes del año para aquel entonces. Esta nueva modalidad se adaptó durante siglos, hasta el año 1582, cuando apareció el calendario gregoriano, el cual se mantiene hasta la actualidad.

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Últimos detalles

El calendario de Julio César, a pesar de ser más acertado que el anterior, aún tenía un error importante: aunque se le añadiera un día cada cuatro años, seguía durando más de lo que debería. Para ser exactos, duraba 11 minutos y 14 segundos más, lo que significaba que cada 130 años aproximadamente, este se retrasaba un día.

En el siglo XVI, el desfase era de unos 10 días entre las fechas de las estaciones de la tierra y las fechas religiosas. Por eso, en 1582, año en que fue elegido el papa Gregorio XIII, se decidió resolver este problema.

Asesorado por el astrónomo jesuita alemán Christopher Clavius, se creó la solución al problema añadiéndole algunas excepciones a la regla de los años bisiestos. Estos se mantendrían cada cuatro años, excepto aquellos años que fueran múltiplos de 100, como por ejemplo el año 2100. Sin embargo, aquellos que fueran divisibles por 400 sí lo seguirían siendo, como los años 1600, 2000 y 2400.

Esto dio como resultado que el desfase, que inicialmente era de 11 minutos, se redujera a medio minuto por año, lo que sería 1 día cada 3.300 años.

Sin embargo, el desfase de 10 días seguía existiendo, por lo que el papa estableció que en el mes de octubre de 1582 se haría una suspensión de 10 días. Es decir, en ese año, el día siguiente al 4 de octubre no sería 5, sino 15.

Y así, luego de tantos cálculos y reformas, fue como llegamos a lo que tenemos hoy en día, un calendario bastante acertado con respecto a las vueltas de la Tierra alrededor del Sol. Ahora, ya que sabes la historia, la próxima vez que pienses en el calendario seguramente no volverás a verlo de la misma manera.

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