En la actualidad, la capacidad de trazar un plan de crecimiento familiar y seguirlo se ha vuelto, más que una opción, una necesidad. Con el mundo teniendo cada vez más población, es tiempo de que la humanidad comience a medir su tasa reproductiva.

Durante mucho tiempo, ello ha significado que las mujeres deben tomar la responsabilidad sobre su reproducción. Sin embargo, pensar que solo ellas son las responsables es ver solo una cara de la moneda.

Para que un bebé venga al mundo, es necesaria la interacción de un hombre y una mujer. Pero, por cuestiones sociales se cree que solo es responsabilidad de esta última evitar embarazos no deseados.

Como una forma de “ayudarla en su tarea” se han creado infinidad de alternativas y anticonceptivos que puede –y que, para muchos, debe– utilizar. Mientras que, para los hombres nunca ha habido mayores controles. Algunos podrían asegurar que ello se debe a la falta de opciones que estos tienen en este campo. Pero, eso solo eleva una pregunta más y es: ¿por qué, hasta la fecha, el mundo no se ha preocupado por desarrollar sistemas de control natal para los hombres?

Sí existen métodos de control natal para hombres, pero…

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El problema acá es que no son suficientes y, definitivamente, no son tan variados, y a veces invasivos, como los de las mujeres. En la actualidad, es común hablar sobre el uso de condones o del método de la extracción antes de eyacular, como un método preventivo reversible. Asimismo, se sabe de la vasectomía como una opción definitiva para descartar la posibilidad de reproducción.

Sin embargo, allí se detiene todo mientras que las mujeres tienen variantes que van desde el método del ritmo y los condones femeninos, hasta las pastillas e inyecciones anticonceptivas, así como también los dispositivos intrauterinos y los implantes hormonales. Además claro, de la posibilidad de cortar o “amarrar” las trompas de Falopio para un control más permanente.

Con ello, nos damos cuenta de que los hombres claramente no cuentan con la misma variedad de opciones que podría tener una mujer. Asimismo, los tres métodos “clásicos” con los que cuentan son o muy laxos o demasiado permanentes. Por lo que, la conclusión tiende a ser que la mujer es la que debe cuidarse, pues cuenta con las alternativas más confiables y eficientes, a la vez que reversibles.

La ciencia no es la limitante

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Lisa Campo-Engelstein, profesora asociada y directora asociada en el Instituto de Bioética Alden March y profesora asociada de Obstetricia y Ginecología en Albany Medical College, comenta:

“Algunos argumentan que es la ciencia, que es mucho más difícil controlar millones de espermatozoides que un solo óvulo. Pero no creo que esa sea la imagen completa. Creo que hay muchos otros factores involucrados y que muchos de ellos tienen que ver con las normas de género.”

Durante los últimos 50 años, en diferentes oportunidades la comunidad científica ha estado anunciando la llegada del nuevo método anticonceptivo masculino. Sin embargo, en la mayoría de los casos esto ha quedado en un hiatus indefinido.

Tanto así que, aunque en la actualidad se han desarrollado algunos prototipos de pastillas, inyecciones, implantes y hasta geles anticonceptivos, ninguno ha llegado a las masas. Acá, un factor clave que debe tomarse en cuenta es el de la inversión.

Para poder llegar a un gran público, es necesario invertir en la reproducción y distribución de estos elementos. No obstante, muchas de estas iniciativas no han contado con el apoyo monetario necesario.

Mucho de ello se debe al desinterés que han mostrado las compañías farmacéuticas en este ámbito. Como argumento, han declarado que no creen que suficientes hombres estén interesados en esto y que, en cualquier caso, muy pocas mujeres podrían confiar en que estos sigan los tratamientos.

Campo-Engelstein ha comentado que en la actualidad se han realizado estudios que desmienten esa creencia de que el hombre no está interesado en tener sus propios métodos de control natal. Asimismo, esto es lo que ha comentado con relación a la falta de confianza de las mujeres en sus compañeros sexuales.

“Las compañías farmacéuticas no parecen distinguir entre parejas sexuales casuales y parejas estables. Por supuesto, las mujeres no van a confiar en las parejas sexuales casuales –no confiamos en los hombres extraños en todo tipo de contextos. Pero hubo un estudio que mostró que el 98% de las mujeres confiarían en su pareja estable.”

Es un asunto de convenciones sociales

https://img.vixdata.io/pd/jpg-large/es/sites/default/files/h/hombre-pildora.jpgTodo esto nos lleva a una conclusión simple: el verdadero problema está en la sociedad y no en la ciencia en sí. Katrina Kimport, profesora asociada de la Universidad de California en San Francisco, comenta:

“La infraestructura farmacéutica y médica espera que las mujeres en una relación heterosexual quienes usen anticonceptivos y vayan al médico para obtener un método, paguen el método y experimenten cualquier efecto secundario. Por lo que los métodos disponibles están hechos para cuerpos femeninos y solo las mujeres reciben asesoramiento anticonceptivo de sus proveedores de atención médica.”

Asimismo, con respecto a este tema también asevera que la responsabilidad de esta acción ha sido colocada socialmente sobre las mujeres por mucho tiempo. Según las “normas sociales” actuales, una mujer en una relación seria debería estar al pendiente de utilizar al menos un método anticonceptivo, sin que su pareja tenga que participar en ello.

Ante esto, Kimport también comenta: “En múltiples niveles, las narrativas sociales poderosas feminizan la responsabilidad del control de la natalidad. Al hacerlo, afirman simultáneamente que no hay necesidad ni demanda de un método anticonceptivo masculino reversible y altamente efectivo.”

Como consecuencia, vemos que en la actualidad no existe un verdadero obstáculo para que se desarrollen controles natales para hombres. Claro, nada más allá que las propias limitantes que impone una sociedad que aún no logra salir de un esquema de pensamiento principalmente machista. En resumen, el cambio para esta situación está en nosotros, a la vuelta de la esquina, solo hay que dar el paso para alcanzarlo.