Se dice que hace unos cuantos años atrás, específicamente durante el siglo IX, una mujer fue la encargada de ocupar el cargo del papa en el Vaticano. Su nombre era Juana, pero fue bautizada como Benedicto III al momento de tomar dicho puesto, el cual ocupó entre los años 855 y 857 haciéndose pasar por hombre. Esta farsa acabaría durante una procesión en la cual la papisa habría tenido un parto, producto de su unión con el embajador Lamberto de Sadonia, y el pueblo enfurecido acabaría con su vida lapidándola.

La existencia de esta papisa se ha quedado como una teoría, pues la Iglesia Católica no ha declarado que ninguna mujer haya ocupado el puesto del sumo pontífice. De hecho, para la iglesia, Benedicto III fue un hombre que luchó contra el antipapa Anastasio, cardenal de Marcelo, hasta el día de su muerte.

Sin embargo, y a pesar de que no se haya confirmado la existencia de una papisa, la iglesia católica instauró una figura bastante peculiar que se encargó de verificar que los futuros sumos pontífices no fingieran con respecto a su género. Esta fue llamada ‘palpati’, nombre no oficial impuesto por el escritor español Kiken Mantecón, y se encargaba, como su nombre lo indica, de palparle los testículos a los papas para verificar que realmente se trataban de hombres.

El papa incluso contaba con una silla especial llamada ‘sedia stercoraria’ que tenía una abertura en la parte inferior, por la cual el palpati introducía su mano fácilmente bajo el alba (es decir, la túnica blanca de los papas) para tocar los genitales del sumo pontífice.

Una vez que el palpati hacía su trabajo, este debia gritar frente a los testigos presentes: “Duos habet et bene pendentes” que significa “Hay dos y cuelgan bien”, a lo que los presentes respondían “Deo Gratias”, es decir, “Gracias a Dios”.

La Iglesia Católica asegura que la figura del palpati realmente es una leyenda, tal como la de la papisa Juana. Sin embargo, una ‘sedia stercoraria’ forma parte de una exposición del Museo Vaticano.

Se dice que la comprobación testicular fue abolida durante los años 1522 y 1523 por el papa Adriano VI, pero existen ilustraciones de años posteriores, como la de Lawrence Banka, que aún muestran la realización de esta prueba, en este caso, al papa Inocencio X en 1644.

Pero, ¿por qué una mujer no puede ser papa?

La Iglesia tiene varias razones para no aceptar a mujeres dentro del sacerdocio. Las dos principales son que Jesucristo se trataba de un hombre y que él había escogido a doce apóstoles, en los cuales no habían mujeres.

Además, la Iglesia afirma que los hombres y las mujeres tienen roles distintos en el mundo, pero que ambos logran que las cosas funcionen de la forma en la que deberían. Muchos dicen que esta afirmación es una excusa para disimular los prejuicios que tiene la institución sobre la mujer.

Sin embargo, la Iglesia defiende que no tiene la potestad para modificar la sustancia del sacramento, por lo que modificar las leyes ya previstas es visto como algo ilícito. Por lo tanto, no será posible que esta cambie, o al menos por ahora.

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