Un enfoque fundamental de la biología ecológica y evolutiva es determinar sí y cómo las poblaciones naturales pueden adaptarse a los cambios rápidos en el medio ambiente. Este puede ser un entendimiento crucial ya que a medida que el cambio climático avanza los océanos se acidifican, con impactos que aún están por determinar.

Los mejillones, las ostras y ciertas especies de algas tienen dificultades para producir sus conchas duras de carbonato de calcio en este entorno. Un estudio publicado en el año 2016 mostró que las conchas de mejillones modernas recolectadas en el noroeste del Pacífico eran en promedio un 32 por ciento más delgadas que las recolectadas en la década de 1970.

Respuesta genética

No obstante, los resultados de un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Chicago, los mejillones parecen tener una respuesta genética para afrontar los efectos de la acidificación oceánica.

El estudio muestra que especímenes de mejillones criados en un entorno de pH bajo, que simula las condiciones de un océano ácido, desarrollaron conchas más pequeñas que las cultivadas a niveles normales de pH; sin embargo, la tasa de supervivencia de los mejillones expuestos a ambos ambientes fue la misma.

Estos resultados son una buena noticia en el contexto del rápido cambio climático: una especie que ya tiene la capacidad de adaptarse a entornos climáticos más exigentes.

Los investigadores evidenciaron que la población expuesta al entorno de pH bajo difería genéticamente de los demás, lo que sugiere que las variantes genéticas que ya existen en un subconjunto de la población natural de mejillones les permitieron adaptarse a las exigencias de un entorno más agresivo.

Para el estudio, el equipo recolectó en costas francesas especímenes de mejillón mediterráneo (Mytilus galloprovincialis), las cuales fueron criadas de modo de asegurar una población de larvas genéticamente diversa.

Capacidad de adaptarse

A partir de allí, los investigadores dividieron las larvas en dos grupos: uno destinado a desarrollarse en agua con un nivel normal de pH ambiental de 8,1 y otro en agua de mar con un pH de 7,4, un valor acorde con la proyección de acidificación oceánica para los próximos 100 años.

Los investigadores evidenciaron que las variantes genéticas de la población natural de mejillones les permitieron adaptarse a las exigencias de un entorno más agresivo.

Los autores tomaron muestras para examinar el tamaño de las conchas y analizar la constitución genética de las larvas. Estos datos evidenciaron que los caparazones de los mejillones expuestos a niveles normales de acidez crecieron más rápido. No obstante, al cabo de dos semanas, la población expuesta al pH bajo se recuperó en su mayoría.

Pasadas seis semanas, los investigadores no encontraron diferencias significativas en la supervivencia total de los mejillones criados en ambos entornos, lo que revela la capacidad de adaptación de la especie a condiciones más exigentes, una noticia positiva en el contexto del rápido cambio climático.

Estos resultados, señalan los autores, proporcionan información sobre los procesos que sustentan la rápida evolución y demuestran la importancia de mantener la variación dentro de las poblaciones naturales para reforzar la capacidad de adaptación de las especies a medida que avanza el cambio global.

Referencia: Standing genetic variation fuels rapid adaptation to ocean acidification. Nature Communications, 2019. https://doi.org/10.1038/s41467-019-13767-1