Contrario a lo que podríamos pensar, el cambio en la percepción del paso del tiempo que sentimos en la época decembrina no se trata de una obra del espíritu de la Navidad, ni de un milagro del Niño Jesús. Tampoco podemos relacionar este fenómeno con la teoría de cuerdas ni con una falla en la Matrix.

De hecho, este cambio en la forma en la que sentimos el tiempo se trata más de que todo de un fenómeno social. Durante el mismo, las barreras que “regulan” el paso del tiempo se destruyen y crean una forma mucho más laxa de vivirlo.

El tiempo navideño rompe barreras

https://elordenmundial.com/wp-content/uploads/2019/12/38808924684_458ea6dc73_k-1310x873.jpgUno de los primeros cambios que se pueden notar durante la época decembrina es la disminución de las responsabilidades. En la mayoría de los casos, las personas que trabajan o estudian cuentan con un periodo vacacional por estas fechas.

Por ello, suelen dejar de medir su tiempo según los horarios de trabajo, a sus tareas pendientes o a los recados que les faltan por hacer. De hecho, la estructura mental tiene un cambio que hace que si es lunes o viernes ya no tenga importancia, incluso, los fines de semana en Navidad no significan lo mismo.

Durante diciembre, solo hay dos fechas que se esperan con ansias, el 25 y el 31. De resto, todos los días se califican como previos o posteriores a Navidad y Año Nuevo. En pocas palabras, todas las concepciones por las que las personas se rigen durante el resto del año, en esta época simplemente desaparecen para regirse por este nuevo orden enfocado simplemente en las festividades, sin mirar a ninguna otra responsabilidad.

Una vuelta (casi) a la infancia

https://www.panorama.com.ve/__export/1576072864844/sites/panorama/img/2019/12/11/10-12-2019_navidad_en_venezuela_historia_y_tradiciones.jpg_2094986957.jpgOtro de los detalles que hace que esta época sea especial es la profunda conexión que tiene con la familia. Por lo general, las personas buscan reunirse en esta época con los seres queridos para compartir el tiempo en familia y disfrutar de las celebraciones rodeados de comidas y tradiciones.

Debido a esto, muchas veces el regreso a la casa de la infancia, probar la comida de la madre o simplemente repetir una tradición de los abuelos, hace que las personas se conecten con el niño que en algún momento vivió por primera vez esas experiencias. Sin embargo, la energía infantil en la adultez se transforma en nostalgia y nos hace vivir las experiencias de la niñez de nuevo, pero con otro matiz, tal vez viviéndolas menos pero apreciándolas más.

En la repetición está la clave

https://elsolnewsmedia.com/wp-content/uploads/2018/12/editorial-espa%C3%B1ol-1.jpgComo lo hemos mencionado, la Navidad suele hacer que todos comencemos a recordar la época en la que éramos meros infantes. Pero, ¿qué tiene que ver ello con la forma en la que percibimos el paso del tiempo durante la misma?

Está claro que, las primeras experiencias suelen ser las más recordadas y las que más fuertemente se guardan en nuestro subconsciente. Por ello, el primer recuerdo consciente de una Navidad o un Año Nuevo no parece desvanecerse.

Sin embargo, para que esto se dé también interactúa un factor muy importante, la repetición. El hecho de que estos eventos se realicen anualmente, ayuda involuntariamente a reforzar el primer recuerdo, mientras que, simultáneamente, suele restar protagonismo a las repeticiones en sí.

Es por esto que a veces, cuando llega la Navidad parece que acaba de pasar o que, por otro lado, han transcurrido siglos desde la última vez. En cualquier caso, la forma de ver cómo pasa el tiempo en Navidad se ve fuertemente sesgado por el tipo de experiencia social que te relacione con la misma.

El tiempo es una convención

Todo esto nos hace llegar a la conclusión de que, el tiempo en sí se trata de una convención social. A pesar de su relatividad, durante el resto del año lo medidos en minutos, horas y días con la finalidad de tener algún tipo de orden con respecto al mismo.

Después de todo, no hacerlo podría implicar que no tengamos una estructura fija con la cual medir nuestra experiencia vivencial, lo que lleva directamente al caos. Ahora, durante diciembre todas estas convenciones se ponen en pausa y por una vez en el año, podemos simplemente existir, sin necesidad de buscar más actividades con las que mantenernos ocupados.

Ello hace que los conceptos asociados al tiempo se diluyan o solo nos enfoquemos en disfrutar. Lastimosamente, este hechizo no es eterno y, tal como la sociedad lo indica, vuelve a convertirse en calabaza a las 12 del primero de enero, marcando el dos de enero y la vuelta al tiempo “normal”, hasta las próximas celebraciones.

Referencia:

Wasn’t It Christmas a Few Months Ago? Time Perception and Age: https://www.psychologytoday.com/us/blog/cutting-edge-leadership/201012/wasn-t-it-christmas-few-months-ago-time-perception-and-age