Las bacterias del género Staphylococcus constituyen la principal causa de infecciones cutáneas peligrosas en los seres humanos. Y por si fuera poco, dentro de este existen cepas resistentes a los medicamentos, representando así una potencial amenaza para la salud pública.

Hasta ahora, uno de los principales objetivos es el desarrollo de una vacuna para Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA), pero los esfuerzos no han dado buenos resultados.

Sin embargo, los hallazgos de una nueva investigación publicada en la revista Journal of Clinical Investigation dan luces sobre la razón por la que los intentos anteriores no han permitido desarrollar la vacuna y a la vez sugire un nuevo enfoque para lograrlo.

Los estafilococos son peligrosos

Como muchos saben, nuestra piel está dotada de una gran variedad de bacterias que, siguiendo un equilibrio, cumplen funciones específicas y son inofensivas e invisibles en aproximadamente un tercio de la población.

Sin embargo, los estafilococos pueden causar llagas rojas llenas de líquido y pus, y son altamente contagiosas. También puede llegar al torrente sanguíneo, a los órganos e incluso a los huesos y causar daños graves, enfermedades como neumonía y otras complicaciones importantes.

Tal es su peligrosidad que, según indican los investigadores, más de 10,000 personas mueren anualmente en los Estados Unidos a causa de infecciones por estafilococos resistentes a los medicamentos.

El papel de la toxina alfa

Durante casi 15 años, Juliane Bubeck Wardenburg, directora de la División de Cuidados Críticos Pediátricos de la Universidad de Washington en St. Louis ha estado estudiando una sola toxina conocida como toxina alfa, la cual es producida por los estafilococos y juega un papel importante en el daño tisular de sus infecciones.

Según señala la autora, uno de los puntos de atención de esta toxina “es que se encuentra en todas las cepas de estafilococos, es decir, aquellas que son y no son resistentes a los antibióticos”.

Y partiendo de ese conocimiento, diseñó estudios en ratones orientados a examinar el efecto de la misma en la respuesta inmune tanto en infecciones menores de la piel como en infecciones más graves que se propagan en el torrente sanguíneo.

Fue así como los investigadores descubrieron que las células inmunes no protegían a los ratones que tenían infecciones menores por estafilococos en la piel. En cambio, los ratones expuestos a infecciones por estafilococos potencialmente mortales en el torrente sanguíneo sí desarrollaron protección.

“Descubrimos una respuesta robusta de células T dirigida al estafilococo en el torrente sanguíneo. Por el contrario, las células T disminuyeron en las infecciones de la piel como resultado de la toxina. Debido a que la infección de la piel es muy común, creemos que el estafilococo utiliza la toxina alfa para evitar que el cuerpo active una respuesta de células T que brinda protección contra la bacteria”.

La mayoría de las vacunas se elaboran únicamente con la estimulación de otro tipo de células inmunes principales, las células B, las cuales producen anticuerpos para atacar patógenos como las bacterias. Pero con estos hallazgos, la clave parece residir en las células T: Bubeck Wardenburg dice que bloquear la toxina alfa en las infecciones de la piel puede producir una respuesta saludable de las células T.

“Nuestros hallazgos indican que una respuesta robusta de células T es absolutamente esencial para la protección contra las infecciones por estafilococos”.

El error de los esfuerzos previos

Dicho esto, Bubeck Wardenburg explica que el error en los desarrollos previos parece ser proteger la respuesta de las células T desde el momento del nacimiento, lo cual puede reprogramar el efecto general de la bacteria en el sistema inmunitario. Y según indica, este error “parece estar usando la toxina para dar forma a la respuesta de las células T de una manera favorable para el error pero no para los humanos”.

Otro punto que destaca es que hasta ahora los esfuerzos previos para el desarrollo de vacunas se han centrado en los adultos. Pero la autora considera que una vacuna puede tener más probabilidades de tener éxito si se aplica antes del primer encuentro con la bacteria.

“Visualizamos dos estrategias. Una es inmunizar a las mujeres embarazadas para que puedan transferir anticuerpos que protegen a los bebés contra la toxina al nacer. El segundo consiste en inmunizar a los bebés dentro de uno o dos días después del nacimiento. Ninguna de estas estrategias se ha considerado para las vacunas contra el estafilococo hasta la fecha”.

De modo que el nuevo enfoque es activar este conjunto de células inmunes pasadas por alto e realizar la inmunización antes de la primera exposición al estafilococo, ya sea en el útero o dentro de los primeros días después del nacimiento, para bloquear la toxina y generar una respuesta vigorosa de las células T.

Referencia:

Staphylococcus aureus α-toxin suppresses antigen-specific T cell responses. https://www.jci.org/articles/view/130728