La cola de golondrina gigante africana, cuyo nombre científico es Papilio antimachus, es la mariposa más grande de África y también una de las más grandes del mundo. Pero lo que más llama la atención de ella es que no tiene depredadores naturales debido a su toxicidad.

Pero aunque magnífica e imponente dentro de la naturaleza, esta especie ha sido muy poco estudiada por la humanidad. Fue descubierta en 1782, pero nadie ha podido estudiarla en su estado como oruga o crisálida, dos fases claves para comprender su ciclo de vida y longevidad.

“Esta especie, como muchas otras, se está volviendo cada vez más rara”, dijo el entomólogo Philippe Annoyer. “Los detalles que tenemos datan de la década de 1960 y consisten en media página en una revista científica”.

Sin embargo, los científicos aún no se han rendido. Un expedición francesa conformada por un equipo de unas 20 personas dentro de las cuales estaba Annoyer, estableció un campamento en el extremo sur de la República Centroafricana, a orillas del río Lobaye, a fin de lograr dicho objetivo.

Lo que se sabe sobre la cola de golondrina africana

Su cuerpo puede medir hasta 25 centímetros, siendo los machos más grandes que las hembras, y cuenta con largas y estrechas alas de color naranja y marrón con manchas negras. Además, tiene las patas bien desarrolladas y es vellosa en el área frontal de la cabeza.

Los machos revolotean cerca del suelo y se les puede ver en grupos en el néctar. En cambio, ls hembras viven en el dosel del bosque, donde se deleitan volando sobre las flores expuestas a la luz solar directa. A ellas casi nunca se les ve.

P. antimachus se puede encontrar en África central y occidental, en la República Democrática del Congo, la República del Congo, la República Centroafricana, Gabón, Angola, Camerún, Nigeria, Ghana, Costa de Marfil, Liberia y Sierra Leona.

Los investigadores especulan que el carácter venenoso de la mariposa gigante quizás tenga origen en su etapa como oruga, en la cual ingiere las hojas de Strophanthus gratus, una liana espesa y leñosa que, como es típico de estas plantas, se enrolla entre las copas de los árboles y exhibe flores flagrantes.

Una especie difícil de alcanzar

Un entomólogo trepando un árbol para observar una enredadera tóxica que se cree que es una planta huésped para la cola de golondrina africana.

Sabiendo ello, el equipo planeó identificar las flores en el dosel del bosque usando un avión no tripulado y colocando una red de cuerdas sofisticada que permitiera que las personas se movieran por las alturas para explorar estas lianas en toda su extensión.

Al equipo se le dieron tres semanas para estudiarla en terreno ideal. Sin embargo, no hubo mayor hallazgo. En realidad fueron tres semanas frustrantes sin ganancia neta de algún espécimen en su forma de oruga o crisálida.

Y aunque no dieron exactamente con lo que buscaban, planeaban llevarse algo para indagar. Pero no contaban conque las hormigas del ejército se dirigirían justamente hacia la jaula que contenía uno de los pocos especímenes de golondrinas gigantes africanas capturadas en la expedición.

Irónicamente, esta especie que no tiene enemigos naturales, fue devorada en apenas instantes por las hormigas, que no dejaron más que un ala y una pierde endeble para llevar de regreso al laboratorio.

Cazadores de mariposas gigantes

Los investigadores estuvieron tres semanas en campo buscando orugas o crisálidas de Papilio antimachus, pero nunca dieron con una.

Las alas de esta mariposa son de un especial interés comercial en la región. Los collages creados con estas son una forma de arte apreciada en la República Centroafricana. En el extranjero, tan solo un espécimen gigante de cola de golondrina se puede vender por 1,500 euros, lo que equivale a US$ 1,700.

“Este es un lugar para los cazadores furtivos: los machos (mariposas) ingieren sales minerales en la orilla y son capturados”, dijo Nicolas Moulin, uno de los investigadores de la expedición, desde su percha a 40 metros (130 pies) del suelo.

Durante la expedición, notaron que las trampas de alambre dejadas por los cazadores estaban por doquier. Pero el interés no solo radicaba en las mariposas, sino también en la explotación del suelo, y en su camino encontraron agujeros excavados por mineros artesanales de oro o diamante.

Por lo que a pesar de que los intentos por encontrar rastros de la oruga o la crisálida fueron en vano, los investigadores señalan que la expedición sirvió al menos para observar con sus propios ojos el estado de los bosques de una región empobrecida por los conflictos armados.

Referencia:

In an African forest, the enduring mystery of a giant butterfly. https://phys.org/news/2019-12-african-forest-mystery-giant-butterfly.html