La mutación de tres genes dan como resultado un crecimiento en racimo como el de la derecha. La mutación de dos da un cultivo como el de la izquierda. Crédito: Lippman lab/CSHL, 2019

A principios de este año, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU presentó cifras que indican que más de 500 millones de personas en el mundo viven en tierras degradadas por la deforestación, la excesiva actividad agrícola y el cambio climático.

Una de las soluciones para evitar la liquidación total de los suelos productivos es distribuir mejor sus usos, por ejemplo, trasladando parte de la carga de los cultivos del mundo a áreas urbanas y de otro tipo.

Pero bien sabemos que las áreas urbanas no tienen suficiente espacio para cumplir con estas metas de manera tradicional. Los sistemas agrícolas urbanos requieren plantas compactas que se puedan apilar en espacios reducidos, como ocurre en la agricultura escalonada en almacenes o en contenedores de almacenamiento convertidos.

Esta tendencia parece muy prometedora y ya se están realizando investigaciones para adaptar diferentes tipos de cultivo a los entornos urbanos u otros lugares no aptos para el crecimiento de las plantas. Un ejemplo de ello son un nuevo tipo de plantas de tomates editadas genéticamente, que según informan sus creadores, se agrupan como uvas en lugar de las conocidas enredaderas de los jardines.

Los agricultores pronto podrían cultivar tomates de esta forma en una de almacenamiento, en el techo de un rascacielos o incluso en el espacio, dependiendo de si un grupo de nuevos cultivos editados genéticamente resultan tan buenos como el primer lote producido.

Tomates cherry que maduran rápidamente

Los investigadores crearon nuevos tomates modificando dos genes que controlan el cambio del crecimiento reproductivo y el tamaño de la planta, SELF PRUNING (SP) y SP5G. Ajustando estos genes, lograron que la planta dejara de crecer antes y floreciera y produjera frutos antes que la planta normal.

Las plantas de tomate tradicionales pueden ocupar un espacio razonable difícil de obtener en espacios urbanos.

Estas plantas son muy diferentes a las de tomate a las que estamos acostumbrados. En lugar de crecer como enredaderas, crecen agrupadas de manera compacta, cual ramo de rosas en los que cada flor es sustituida por un tomate cherry maduro.

Como ya dijimos, sus frutos crecen antes, y de hecho también maduran rápidamente, dando lugar a una fruta madura lista para cosechar en menos de 40 días y, lo mejor de todo, totalmente comestible.

“Cuando estás jugando con la maduración de la planta, estás jugando con todo el sistema, y ​​ese sistema incluye los azúcares, dónde se hacen, cuáles son las hojas y cómo se distribuyen, que es a las frutas”, dijo Zach Lippman, profesor de laboratorio de Cold Spring Harbor e investigador de HHMI, quien dirige el laboratorio que diseñó el ‘tomates de agricultura urbana’.

A espera de los resultados con el tercer gen

En sus estudios, también encontró un tercer gen de relevancia, SIER, el cual se encarga de controlar la longitud de los tallos de dichas plantas. Aplicando CRISPR, es posible mutar SIER junto con las mutaciones de los otros dos genes de floración, y los investigadores se encuentran perfeccionando el resultado.

Pero los frutos obtenidos hasta ahora, además de tener buen sabor, también son ecológicos. Este tipo de desarrollos son de gran utilidad en un contexto de emergencia climática en la que los humanos no aportan demasiado a la solución.

Y tal como indica Lippman, esto demuestra que podemos producir cultivos de manera menos nociva para nuestro planeta, “sin tener que romper tanto la tierra o agregar fertilizantes excesivos que se escurren en ríos y arroyos”. No solo se podría mejorar el acceso de las personas a los alimentos, sino también reducir la huella de carbono en el proceso.

Referencia:

Rapid customization of Solanaceae fruit crops for urban agriculture. https://www.nature.com/articles/s41587-019-0361-2