La música y la danza son universales en toda la cultura humana y tienen una historia antigua. Se han sugerido varias hipótesis para explicar sus orígenes evolutivos aludiendo a las exhibiciones de cortejo, la cohesión de grupo y la señalización de coalición como sus impulsores. Sin embargo, la evolución de la danza en el clado humano sigue siendo poco claro.

Comparar la “musicalidad” de los humanos, definida como una predisposición biológica para procesar la música, con la de los animales no humanos puede ser una excelente herramienta para entender cómo se desarrolló esta forma de comunicación única de la evolución humana.

Incitados por el ritmo

Con esto en mente, un equipo de investigadores de la Universidad de Kyoto, en Japón, realizó un estudio cuyos resultados revelan que los chimpancés tienen un sentido del ritmo y les gusta “bailar”. Los científicos descubrieron que escuchar música incita a los primates a realizar movimientos rítmicos.

En los humanos, escuchar música induce un movimiento rítmico, lo que sugiere una estrecha conexión entre las áreas auditiva y motora del cerebro.

Para el estudio, los investigadores examinaron a siete chimpancés (4 machos y 3 hembras) que estuvieron expuestos a seis composiciones para piano de dos minutos durante seis días, y encontraron que mientras se tocaba la música, los chimpancés balanceaban sus cuerpos y sacudían sus cabezas y, a veces, llegaban a aplaudir y golpear sus patas.

El equipo también descubrió que los chimpancés machos tenían más probabilidades de responder a las melodías, siendo más vocales y balanceándose rítmicamente durante períodos más largos en comparación con sus contrapartes hembras, lo que los investigadores creen, puede estar asociado con su sociedad patriarcal.

Para profundizar más al respecto, los investigadores seleccionaron al chimpancé más sensible a la música, llamado Akira, y lo expusieron a sesiones musicales adicionales, con cuatro experiencias de dos minutos durante 24 días.

Estimulación musical

Los investigadores observaron que los ritmos aleatorios y regulares inducían la oscilación rítmica en Akira, y que los movimientos fueron más pronunciados cuando estaba en dos patas en lugar de a cuatro patas, lo que el equipo cree que podría deberse a que el chimpancé tiene una mayor flexibilidad en la postura bípeda.

En comparación a las hembras, los chimpancés machos mostraron una mayor probabilidad de responder a las melodías, lo que podría estar asociado a su sociedad patriarcal.

Adicionalmente, Akira también se quedó más tiempo en el área donde se escuchaba música, lo que indica que el chimpancé buscó activamente la estimulación musical.

Estos hallazgos, comentan los autores del estudio, apuntan a una base para el baile en un ancestro común de chimpancés y humanos. Al respecto, la investigadora Yuko Hattori, catedrática en el Instituto de Investigación de Primates de la Universidad de Kyoto y coautora del estudio, comentó:

“Estos resultados sugieren que los requisitos previos para la música y la danza están profundamente arraigados y existieron en un ancestro común compartido por humanos y chimpancés, hace aproximadamente seis millones de años”.

Referencia: Rhythmic swaying induced by sound in chimpanzees (Pan troglodytes). PNAS, 2019. https://doi.org/10.1073/pnas.1910318116