Todos los organismos dependientes de oxígeno en el planeta producen dióxido de carbono –principal gas de efecto invernadero– como resultado de los procesos metabólicos necesarios para mantener la vida.

Pero, el comportamiento humano se distingue por el uso y consumo de recursos como el aire, el agua, la tierra, así como alimentos, combustibles fósiles y minerales, lo que conduce a la producción de contaminantes ambientales incluyendo, plásticos, materiales tóxicos y, no menos importante, emisiones de gases de efecto invernadero, responsables protagónicos del calentamiento global.

Mayor aporte

La producción total de dióxido de carbono de cualquier especie está relacionada con la tasa metabólica promedio, el tamaño corporal y el número total de individuos.

En este sentido, los resultados de una reciente investigación sugieren que el aumento del tamaño corporal promedio de las personas, además de la creciente población mundial, son factores que desafían aún más los intentos de reducir las emisiones de dióxido de carbono producidas por la actividad humana.

El estudio encontró que, a nivel mundial, la obesidad contribuye con el 1,6 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

En comparación a las personas con peso normal, las personas con obesidad tienen una mayor producción de dióxido de carbono a partir del metabolismo oxidativo. Además, el mantenimiento de pesos corporales más altos requiere la producción y el transporte de más alimentos y bebidas a los consumidores.

Del mismo modo, el transporte de personas más pesadas se asocia con un mayor consumo de combustibles fósiles, lo que da como resultado emisiones adicionales de dióxido de carbono, además de las relacionadas con los procesos de producción y transporte de alimentos.

Para evaluar el impacto de la obesidad en el medio ambiente, el equipo de investigación utilizó las definiciones estándar de obesidad (índice de masa corporal mayor o igual a 30 kg/m2) y peso normal (índice de masa corporal menor de 25).

Emisiones adicionales

En complemento, los investigadores hicieron cálculos de la emisión adicional de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y óxido nitroso) por el incremento del metabolismo oxidativo, el aumento de la producción, el consumo de alimentos y el aumento del combustible utilizado para transportar el mayor peso corporal de las personas con obesidad.

La actividad humana se distingue por la producción de contaminantes ambientales incluyendo, plásticos, materiales tóxicos y emisiones de gases de efecto invernadero.

Los investigadores encontraron que, en comparación con un individuo con peso normal, un individuo con obesidad produce 81 kilogramos por año (kg/año) adicionales de emisiones de dióxido de carbono por un metabolismo más alto, 593 kg/año adicionales por un mayor consumo de alimentos y bebidas, y 476 kg/año adicionales asociados al transporte terrestre y aéreo.

En general, la obesidad se asoció con aproximadamente un 20 por ciento más de emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con las personas con peso normal. A nivel mundial, la obesidad contribuye a generación de unos 700 megatones adicionales por año de dióxido de carbono equivalente, lo que representa alrededor del 1,6 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Los autores del estudio enfatizan que esta nueva información no debe conducir a una mayor estigmatización del sobrepeso, ya que personas con obesidad, además de estar expuestas a un mayor riesgo de complicaciones de salud, sufren de actitudes negativas y discriminación.

Referencia: The Environmental Foodprint of Obesity. Obesity, 2019. https://doi.org/10.1002/oby.22657