No hay forma de negar que esta red social china se ha convertido junto con Facebook, Twitter e Instagram en una de las redes más utilizadas en todo el mundo. Así como Facebook ha encontrado su nicho en el público más adulto, Twitter en aquel que quiere mantenerse informado rápido e Instagram en un grupo más joven y hedonista, TikTok ha visto su nicho en los adolescentes de la sociedad.

Esta red social de videos cortos rápidamente se volvió popular y sus contenidos comenzaron a volverse virales. Ahora, cada vez más adolescentes se unen a esta red para mostrarse a sí mismos y a todas las locuras que se les pueden llegar a ocurrir.

A través de los videos de TikTok, las personas pueden compartir desde scketches chistosos e imitaciones de celebridades a coreografías de baile y rutinas de ejercicio. Por lo que, el abanico de posibilidades es extremadamente alto.

TikTok es la red social de los jóvenes

Aquellos individuos que mejor han aceptado todas las posibilidades que ofrece la página son los adolescentes. Ello es lo que se ha convertido en el motivo por el cual la mayor parte de la población de usuarios en la actualidad se encuentra constituida por menores de edad.

Estos diariamente suben cantidades enormes de contenidos propios o comparten aquellos de las personas que siguen. Por ello, la red se encuentra en un constante movimiento cuyo dinamismo atrae la atención de las personas más jóvenes.

La nueva cuna de los videos virales

En un mundo en el que los millenials y la generación Z están comenzando a tomar la batuta, el poder de los contenidos audiovisuales es cada vez mayor. Los miembros de este par de generaciones suelen tener un tiempo de atención mucho menor y la necesidad de mantenerse conectados con su alrededor a través de la tecnología.

Por ello, una red social que permite una creación rápida y eficiente de videos cortos de tan solo unos pocos segundos con los que entretener a las masas era simplemente una apuesta segura. Tal como lo ha comentado la compañía en una oportunidad “cuando la gente está en casa, está en Netflix, y en la calle, está en TikTok”.

¿Por qué? Por la brevedad de sus contenidos. En un descanso en medio del día de trabajo o de estudio, una persona no entrará a ver una serie en Netflix o YouTube, preferiblemente, verán los contenidos rápidos y entretenidos que siempre puede ofrecer TikTok.

Gracias a esta accesibilidad de los contenidos, estos rápidamente pueden llegar a un público numeroso y convertirse en videos virales. Una meta que la mayoría de los creadores de contenido en la web persiguen a toda costa.

Otro detalle que destaca a TikTok en este aspecto es que no solo permite a los usuarios ver los contenidos, sino incluso descargarlos. De este modo, pueden tenerlos directamente en sus dispositivos si lo desean. Cosa que, nuevamente, aumenta el atractivo y la posibilidad de exposición de los mismos.

Una vez subido a la red, el contenido ya no es tuyo

A pesar de que la iniciativa de esta red social parece ser buena, tiene sus problemas. Por ejemplo, es claro que la web es un terreno muy amplio y casi incontrolable. Debido a lo cual, el subir cualquier tipo de contenido a la misma debe ser hecho con las debidas responsabilidad y precaución.

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No obstante, como la mayor parte de la población de TikTok son adolescentes, es muy poco probable que estos realicen este tipo de consideraciones antes de revelar sus contenidos. En consecuencia, nos encontramos con dos grandes problemas en este sistema.

El primero tiene que ver con el manejo de los contenidos que se realiza una vez el adolescente sube el video. A partir de ese momento, cualquiera lo puede descargar y, por ende, deja de estar su difusión bajo el control del autor. Por lo que, de querer removerlo, tendrá que pasar por un arduo trabajo que no ofrecerá garantías de ningún tipo sobre que el contenido no volverá a estar en la web, luego, subido por alguien más.

Asimismo, el segundo se trata de un problema legal para la compañía. Exponer la información de menores de edad es ilegal y la plataforma básicamente es una vitrina donde estos, sabiéndolo o no, exponen mucho más sobre ellos mismos y sus vidas de lo que deberían.

Un dilema transcontinental

Ambos problemas se convierten en un enorme dilema debido a que la compañía TikTok, propiedad de la empresa china Bytedance, se encuentra establecida en el país asiático, por lo que, cualquier dilema legal debe ser manejado con dos legislaciones, la china y la del país de residencia del usuario involucrado.

En cualquier momento, un usuario no solo puede exigir que sus contenidos se remuevan de la página, sino que puede iniciar acciones legales contra aquellos que lo vuelvan a publicar. Sin embargo, ello podría llegar a incluir una tercera nación a la mezcla de legislaciones, y ello asumiendo que sea solo un usuario más el que replique el contenido y no miles. En este punto, los adolescentes pierden por completo el control sobre su información, una que, por ley, ellos aún no deberían tener expuesta, ni por su propia voluntad.

¿Hay solución?

Sí. Sin embargo, no se trata de algo sencillo. El proceso para lograr que esto no se repita debe ser llevado a cabo por ambos extremos de la cuerda.

Por un lado, los padres, las escuelas y la sociedad ahora tienen la labor de enseñar a los niños y adolescentes a estar conscientes de la importancia que tiene su privacidad. Asimismo, también deben formarlos para que no solo aprendan a protegerla, sino a discernir qué contenidos son apropiados para compartir y cuáles podrían comenzar a perjudicarlos en su vida adulta.

Por otra parte, según la ley estadounidense, por ejemplo, un menor de edad solo puede registrarse por su cuenta en una red social y compartir contenidos a partir de los años. Debido a lo cual, las plataformas como TikTok deberían comenzar a ejercer controles de registro que permitieran asegurar que en su plataforma no hay ningún menor que no cumpla con el mínimo requerido.

Con este tipo de esfuerzos conjuntos, podría llegar a ser posible que este problema de privacidad que enfrenta la juventud actual pueda combatirse. Sin embargo, esta se trata no de una batalla de fuerza sino de resistencia y aún falta ver si la sociedad y las empresas están totalmente dispuestas a librarla.

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