La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo causado por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra compacta y sus proyecciones hacia el cuerpo estriado.

A medida que la EP progresa, la disponibilidad de dopamina disminuye, lo que conduce a los característicos déficits locomotores, incluidos temblores, rigidez y bradiquinesia (lentitud motriz e incapacidad de realizar movimientos delicados).

Un acertijo clínico-terapéutico

Durante varias décadas, la terapia de reemplazo de dopamina con el fármaco l-dopa ha sido el tratamiento estándar para combatir los síntomas motores de los pacientes con EP. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, con frecuencia es necesario aumentar las dosis de l-dopa para controlar los síntomas.

El estudio mostró que HU-308, un fármaco derivado del cannabis, fue tan efectivo como la amantadina en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson.

No obstante, y como consecuencia de este incremento de las dosis, entre el 52 y el 78 por ciento de los pacientes desarrollan discinesias debilitantes inducidas por l-dopa (LID, por sus siglas en inglés), clasificadas como anormalidades o impedimentos de los movimientos voluntarios, dentro de los 10 años siguientes al inicio del tratamiento.

En consecuencia, las LID representan un acertijo clínico-terapéutico, ya su aparición impide aumentar aún más las dosis de l-dopa y, de hecho, es necesario disminuirlas, lo que a su vez conduce a la pérdida de la eficacia antiparkinsoniana del fármaco.

Hasta la fecha, la única terapia aprobada por la FDA para combatir las LID en pacientes con EP es la amantadina, aunque desafortunadamente su uso clínico está limitado por varios efectos secundarios. Por esta razón, existe una gran necesidad clínica de contar con nuevas terapias para el tratamiento de las LID.

Fármaco prototipo

En atención a esta necesidad, un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Sídney (UTS) y el Instituto de Investigación Médica Aplicada del Hospital de San Vicente de Sídney, realizó un estudio en modelos animales cuyos resultados muestran que un fármaco prototipo derivado de cannabinoides proporciona los beneficios del cannabis medicinal sin provocar efectos secundarios, somnolencia o estados de conciencia alterada.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que se caracteriza por provocar déficits locomotores, incluidos temblores, rigidez y bradiquinesia.

El estudio evidenció que en los ratones tratados con el medicamento HU-308 disminuyeron las discinesias y encontró que es tan efectivo como la amantadina. Además, los investigadores comprobaron que la combinación de HU-308 con amantadina es más efectiva que cualquiera de los medicamentos utilizados solos.

En cuanto a las implicaciones del estudio, los autores señalan que los resultados muestran que el medicamento HU-308 es igualmente afectivo, por lo que puede ser útil para aquellas personas que no pueden tomar amantadina.

En segundo lugar, para aquellos que pueden tolerar la amantadina, un tratamiento combinado de ambos fármacos podría tener beneficios aún mayores que tomar cualquiera de los dos medicamentos por separado. Esto significa que es posible contar con un tratamiento mucho más potente y efectivo que el actualmente disponible.

Referencia: Targeting the cannabinoid receptor CB2 in a mouse model of l-dopa induced dyskinesia. Neurobiology of Disease, 2019. http://doi.org/10.1016/j.nbd.2019.104646