El coautor de una nueva investigación sobre la gripe, Michael Worobey, jefe del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva y miembro del Instituto BIO5 de la Universidad de Arizona, ha declarado que las últimas dos temporadas de gripe resultaron más severas de lo esperado.

En la temporada de 2017-18, 80,000 personas murieron solo en los Estados Unidos a causa de esta enfermedad, mucho más que en la pandemia de gripe porcina en 2009. Y contrario a lo que muchos piensan, la influenza es una de las principales causas de muerte, no solo en este país, sino en todo el mundo.

Los científicos y médicos son conscientes de que la misma cepa del virus de la gripe puede afectar a las personas con diferentes grados de gravedad. Sin embargo, un estudio publicado en Science en 2016 reveló que la exposición previa al virus de la gripe tiene una gran influencia en la respuesta de un individuo a infecciones posteriores, lo cual se conoce como impresión inmunológica.

Ahora la investigación publicada en PLoS Pathogens revela que las personas que el éxito de una persona a la hora de defenderse de la gripe está vinculado a la cepa con la que se contagió por primera vez durante la infancia.

La infección con una cepa crea protección para la misma en el futuro

Los investigadores consultaron los registros de salud que el Departamento de Servicios de Salud de Arizona recibe de los hospitales y médicos privados para rastrear casos de gripe y observar la forma en que las diferentes cepas del virus afectan a las personas de diferentes edades.

Observaron que las personas que se contagiaron por primera vez del virus de la gripe con la cepa del H1N1 durante la infancia tenían menos probabilidades de llegar a ser hospitalizadas si se encontraban nuevamente con el virus más adelante en comparación con las personas cuyo primer contagio con fue con el H3N2. Sin embargo, es de destacar que estos últimos disfrutaron de protección adicional contra el H3N2 más adelante.

“En otras palabras, si era un niño y tuvo su primer brote de gripe en 1955, cuando circulaba el virus H1N1 pero no el H3N2, era mucho más probable que una infección con H3N2 lo llevara al hospital que una infección con H1N1, cuando ambas cepas circulaban”.

La protección aplica solo entre las cepas del mismo subtipo

Los investigadores encontraron un segundo patrón en su análisis. Las personas cuya primera exposición infantil fue con H2N2, un primo cercano del H1N1, no tenían la misma ventaja protectora cuando se encontraban con el H1N1 más tarde.

Esto llamó la atención de los científicos puesto que estando en el mismo grupo, la exposición a una de estas cepas puede aportar protección considerable contra otra similar. Katelyn Gostic, autora principal del artículo, considera que esto es desconcertante dado que nuestro sistema inmunitario lucha constantemente por reconocer y defenderse de las cepas más relacionadas de la gripe estacional.

“Esto es desconcertante porque nuestra investigación sobre la gripe aviar muestra que en lo profundo de nuestra memoria inmune, tenemos cierta capacidad de reconocer y defendernos de los terceros primos genéticos de las cepas que vimos de niños”.

Todo indica que nuestra capacidad para combatir el virus de la gripe no solo está determinada por los subtipos a los que nos hemos expuesto a lo largo de nuestras vidas, sino también al orden o secuencia en que los hemos encontrado.

“Cualquiera que sea el subtipo que vea nuestro sistema inmunológico, primero establece una huella que nos protege especialmente bien contra las cepas del mismo subtipo, pero relativamente pobre contra las cepas de otros subtipos, aunque las haya encontrado posteriormente”.

H3N2 y H1N1 pertenecen a grupos separados

H3N2 y H1N1 son dos subtipos del virus de la gripe que han causado brotes estacionales durante las últimas décadas. Revisando las relaciones evolutivas, encontraron que el H3N2 y H1N1 provienen de dos ramas o grupos separados en el “árbol genealógico” de la influenza.

El primero suele afectar más a los ancianos de alto riesgo y puede causa más muertes. El segundo es menor mortal, pero suele afectar a los adultos jóvenes y de mediana edad. El problema con ellas es que son capaces de mutar y saltar fácilmente de animales a humanos, y son altamente contagiosas entre las personas.

Referencia:

Childhood immune imprinting to influenza A shapes birth year-specific risk during seasonal H1N1 and H3N2 epidemics. https://journals.plos.org/plospathogens/article?id=10.1371/journal.ppat.1008109