Espécimen del periquito de Carolina (Conuropsis carolinensis). Crédito: Marc Durà.

Conuropsis carolinensis, mejor conocido como el periquito de Carolina, es un ave icónica de América del Norte que fue declarada extinta a principios del siglo XX. El último espécimen murió en el zoológico de Cincinnati en 1918.

El periquito de Carolina formaba parte de una familia de loros que vivía en latitud norte más alta de nuestro planeta, donde empezó a dispersarse desde el sur de Nueva Inglaterra hasta el Golfo de México, y hasta el este de Colorado.

Su cuerpo exhibía colores llamativos: amarillo en la cabeza, naranja en la cara y verde en el resto del cuerpo, lo cual resultó particularmente atractivo para la humanidad, que durante las últimas décadas del siglo XIX se dedicó a cazarlo sin discresión alguna. A pesar de llo, la causa de su extinción no había sido atribuido directamente a su caza, sino también a la destrucción de su hábitat y mayor exposición a patógenos avícolas.

Pero para llegar al fondo y determinar la causa concreta de la extinción del ave americana, un equipo de investigadores decidió reconstruir su genoma en busca de signos típicos que exhiben especies en peligro de extinción. Sin embargo, su historia evolutiva no mostró rasgo alguno, por lo que su desaparición ocurrió en un proceso brusco atribuible únicamente a la actividad humana.

Los periquitos se alimentaban con una planta tóxica

Investigadores del del Instituto de Biología Evolutiva (IBE, un instituto conjunto de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y el Consejo Nacional de Investigación Español (CSIC)) en Barcelona y el Instituto Globe de la Universidad de Copenhague unieron fuerzas para estudiar un espécimen del periquito en encontrado por la la naturalista catalana Marià Masferrer (1856-1923).

Cocklebur, Naturaleza, Hierba, Verde, Macro, Semillas
Los periquitos de Carolina de alimentaban de cocklebur, una planta que a pesar de ser tóxica, no les hacía daño.

Usaron el hueso de la tibia y las almohadillas de los dedos del espécimen, que se encontraba en una colección privada en Espinelves, España. Sin embargo, para poder trazar su historia evolutiva completa, tuvieron que recurrir al genoma de un pariente cercano vivo, el Aratinga solstitialis o periquito solar de América del Sur, y otros cientos de genomas aviares.

Los investigadores descubrieron que periquito de Carolina y el perico solar divergieron hace unos 3 millones de años, un evento que coincidió con el cierre del Istmo de Panamá. Pero además encontraron dos proteínas extremadamente conservadas que sugieren un cambio de dieta después dela divergencia.

Entonces su alimentación se inclinó más a cockleburs, del género Xanthium, una planta que contiene un componente tóxico que no hace daño al ave, pero que sí era nociva para los depredadores. Las dos proteínas encontradas interactúan con este tóxico.

Los humanos propiciaron su extinción

Los investigadores constataron que la extinción de Conuropsis carolinensis ocurrió de manera rápida y abrupta. Exploraron el genoma reconstruido en busca de signos de endogamia y alguna señal de disminución paulatina de la población que a veces muestran algunas especies en peligro de extinción, pero no encontraron nada. Ante ello, la conclusión a la que llegaron fue que la causa había sido un proceso humano.

Pero a pesar de estos resultados, los expertos no dejan de cuestionarse si realmente el periquito de Carolina se extinguió totalmente. Carles Lalueza-Fox, profesor de investigación de la OIE, hace mención de cambios genéticos que parecen perjudiciales para el periquito solar, su pariente cercano vivo, y explica que:

“A pesar de que el periquito de Carolina aparece en todas las listas de extinción, encontramos cientos de cambios genéticos que se prevé que sean perjudiciales para el pariente vivo más cercano, el periquito solar, lo que indica las enormes dificultades de emprender tales empresas”.

A pesar de este triste desenlace, esta investigación deja algo bueno además de otra acusación contra la humanidad. El método aplicado para reconstruir el genoma de las aves también puede utilizarse a futuro para estimar otras posibles extinciones causadas por los humanos y, de esta forma, tomar medidas tempranas para evitarlo.

Referencia:

Evolutionary History, Genomic Adaptation to Toxic Diet, and Extinction of the Carolina Parakeet. https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0960982219314381