El plástico impregna prácticamente todos los aspectos de la vida moderna, y los hábitos de higiene personal asociados a la menstruación no escapan de esa realidad. La mayoría de las mujeres menstrúan entre 3 a 5 días durante su vida fértil, que ronda los 40 años. Eso equivale a 2.400 días, aproximadamente 6,5 años de sangrado.

Todo ese fluido menstrual tiene que ir a algún lado, y generalmente termina en un tampón o en una toalla sanitaria, productos que luego de su breve momento de utilidad, terminan en la basura.

¿Los ciclos menstruales de las mujeres realmente se sincronizan?

Colosal carga de desechos

Desde el punto de vista medioambiental, hay dos cuestiones principales en juego: el impacto de la producción y el impacto de la eliminación de esos productos. Una mujer típica puede usar entre 8.000 y 17.000 tampones o toallas sanitarias a lo largo de su vida, lo que representa entre 125 a 150 kilogramos de desperdicios, sin olvidar que alrededor de la mitad de toda la población mundial es femenina.

Luego de su breve momento de utilidad, los productos de higiene femenina desechables terminan en la basura.

Estos productos requieren cientos de años para biodegradarse, especialmente si se envuelven en los envases de plástico comúnmente suministrados para este propósito. Eso implica que cada mujer ha dejado –y seguirá dejando– desechos que perdurarán más allá de su vida. De hecho, cada pieza de plástico que se ha fabricado, todavía existe de alguna forma.

Sin embargo, esta colosal carga de desechos no es el único impacto ecológico de los productos de higiene femenina desechables. Un año de un producto típico de higiene femenina deja una huella de carbono de 5,3 kg equivalentes de CO2.

Una evaluación del ciclo de vida de los tampones realizada por el Instituto Real de Tecnología de Estocolmo, reveló que el mayor impacto de estos productos sobre el calentamiento global se debió al procesamiento de LDPE (polietileno de baja densidad), un termoplástico utilizado en los aplicadores de tampones y en la lámina posterior de plástico de las toallas sanitarias, que requiere grandes cantidades de energía generada por combustibles fósiles.

Encontrar soluciones sostenibles

Al elegir entre almohadillas y tampones, las almohadillas tienen un mayor impacto ambiental debido a sus componentes plásticos, aunque esto no quiere decir que los tampones no tengan también un impacto ambiental significativo.

Una mujer típica puede usar entre 8.000 y 17.000 tampones o toallas sanitarias a lo largo de su vida.

La fibra de algodón utilizada en la producción de tampones aporta el 80 por ciento de su impacto total. El procesamiento es intensivo en recursos ya que el cultivo del algodón requiere grandes cantidades de agua, pesticidas y fertilizantes, y si bien este algodón no tarda siglos en biodegradarse, como los forros de plástico, aún se trata de un proceso que se toma unos seis meses.

Los pelos humanos pueden estar mutilando a las palomas

Si bien es cierto que los tampones tienen menos impacto ambiental que las toallas sanitarias, existen otras opciones. El favorito “verde” es la copa menstrual, que ofrece la comodidad de los tampones sin desperdicios y con una carga ecológica mucho menor.

En última instancia, el impacto ambiental actual asociado al uso de estos productos fundamenta una necesidad urgente de innovar y encontrar soluciones sostenibles y prácticas a los desafíos de la higiene femenina.

Referencias:

A Study into Public Awareness of the Environmental Impact of Menstrual Products and Product Choice. Sustainability, 2019. https://doi.org/10.3390/su11020473

Menstrual Hygiene, Management, and Waste Disposal: Practices and Challenges Faced by Girls/Women of Developing Countries. Journal of Environmental and Public Health, 2018. https:// doi.org/10.1155/2018/1730964

Más en TekCrispy