Santa Claus es un personaje muy usado por los padres para promover el buen comportamiento de los hijos, sin embargo, ¿cómo llegan a creer los pequeños verdaderamente su existencia?

En un artículo publicado en The Conversation, Rohan Kapitany, de Keele University, explica el trasfondo de la creencia en personajes como Santa Claus entre los niños que, según indica, suelen ser más escépticos que los adultos.

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Los niños pueden ser más escépticos que los adultos

Dada la abundancia de historias de fantasía en la literatura infantil, podríamos pensar que los niños son particularmente adeptos y crédulos de estas. Y aunque sea así en cierta medida, también hay mucha verdad en que los niños muestran una amplia variedad de comportamientos juiciosos y escépticos. Partiendo de ello, puede que sea especialmente difícil hacerlos creer en cosas fantásticas.

En general, la única forma de aprender sobre algo que no se ha vivido en carne propia es por medio del testimonio. Es así como aprendemos de historia y como forjamos parte de nuestros criterios a la hora de depositar nuestra confianza en algo o alguien.

Los niños son capaces de diferenciar entre fantasía e historia, evaluar la contundencia de la evidencia y preferir las afirmaciones que tengan base científica en lugar de aquellas más supersticiosas. Los adultos son más propensos a recurrir a explicaciones sobrenaturales para eventos poco probables, por lo que puede decirse que los niños aprenden de ellos a hacer afirmaciones sobre cosas sobrenaturales.

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Los niños observan a los adultos actuar acorde a la época navideña y ello sirve como testimonio fiable de que Santa Claus en verdad existe. Sino, ¿por qué razón mentirían?

Pero en lo referente a creer en personajes como Papá Noel, intervienen no solo la conocida inclinación a la fantasía, sino una serie de factores ambientales que parecen dar mayor sustento de su existencia.

Esto coincide con la teoría de Joe Henrich, que plantea que el comportamiento humano es el resultado de dos procesos evolutivos: la evolución genética y la evolución cultural, que son claramente diferentes, pero interactúan entre sí. De modo que los rituales típicos decembrinos pueden funcionar como un testimonio particularmente influyente en los niños.

“¿Por qué mis padres me mentirían sobre Santa Claus?”

Los niños observan el comportamiento de los adultos, mucho más de lo que estos podrían percatarse a veces. Y la participación voluntaria y aparentemente gustosa de estos en los rituales navideños, ya sea en el trabajo, en la escuela o en las calles, puede ser el testimonio que haga a los niños creer definitivamente en la Navidad y, por supuesto, en un señor barbudo y gordo vestido de rojo que dará obsequios a los niños obedientes.

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Los niños son especialmente sensibles a acciones de los adultos como cantar villancicos, adornar la casa en familia y el ambiente navideño en las calles, lo cual los estimula a creer.

De hecho, son los adultos los que dicen una y otra vez que las listas navideñas, la decoración, el árbol, las galletas y los vasos de leche son para la llegada nocturna de Santa Claus, y no para la tradición.

Dada la sensibilidad de los niños hacia estas y otros rituales de la época como cantar villancicos, adornar la casa en familia, y compartir con familiares lejanos, su lógica los lleva a pensar “debe ser cierto, ¿por qué razón mis padres y el resto de los adultos me mentirían sobre esto”.

Referencia:

Why children really believe in Santa – the surprising psychology behind tradition. https://theconversation.com/why-children-really-believe-in-santa-the-surprising-psychology-behind-tradition-126783

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