La interacción con nuestros familiares y amigos es necesaria para sentir que pertenecemos y que contamos con otros.

Los seres humanos son sociales, lo sabemos, pero tal como lo planteaba el zorro amigo de El Principito, no son más que individuos diferentes hasta que se domestican unos a otros. Solo entonces, se volverán relativamente “únicos en el mundo”.

Curiosamente esto ha sido considerado por la ciencia, y nos lleva a mencionar la hipótesis de la domesticación humana. Este supuesto plantea que, a lo largo de la historia, los humanos se han domesticado entre sí seleccionando aquellos individuos que parecen más amigables y cooperativos. En pocas palabras, aquellos más sociales.

Pues bien, una nueva investigación publicada en la revista Science Advances ha anunciado la primera evidencia genética empírica que da sustento a esa teoría. Los autores identificaron genes en la trayectoria evolutiva única del rostro y la prosocialidad de los humanos modernos que no se encontró en el genoma neandertal.

El papel de las células de la cresta neural

Investigaciones previas habían encontrado similitudes genéticas entre humanos y animales domesticados, lo cual dio pie a estudiar el tema más a fondo. En esta oportunidad, los investigadores se centraron en la cresta neural, una población de migratorias y pluripotentes, capaces de formar todos los tipos de células.

Alejandro Andirkó, estudiante  de Ph.D. del Departamento de Filología Catalana y Lingüística General de la Universidad de Barcelona, que participó en el estudio, pone sobre la mesa la idea de que un déficit de células en dicha región puede tener influencia en la domesticación animal.

“Se ha planteado la hipótesis de que un déficit leve de las células de la cresta neural es el factor subyacente a la domesticación animal. ¡Podría ser que los humanos obtuvieran una cognición más prosocial y una cara retraída en relación con otros humanos extintos en el curso de nuestra evolución como resultado de los cambios que afecta a las células de la cresta neural?”.

Estudiando el síndrome de Williams

Interesados en comprobar dicha teoría, los investigadores se centraron en el Síndrome de Williams, un trastorno de neurodesarrollo humano que es concretamente una neurocristopatía, es decir, un déficit de un tipo de células específico durante la embriogénesis, que en este caso se refiere a las células de la cresta neural.

Utilizaron modelos in vitro del síndrome de Williams con células madre derivadas de la piel, e identificaron el gen BAZ1B, que se encuentra en la región del genoma que causa el trastorno, como un controlador del comportamiento de las células de la cresta neural.

Observaron que cuando los niveles del gen BAZ1B  eran más bajos, esto desencadenó una reducción de la migración de la cresta neural, y los niveles más altos aumentaron la migración de la cresta neural.

Comparando genomas de neandertales y humanos modernos

Entonces los investigadores decidieron buscar este gen en los genomas de los humanos arcaicos y compararlo con los modernos a fin de determinar si las redes genéticas de las células de la cresta neural se habían modificado a lo largo del proceso evolutivo.

Los investigadores identificaron una red genética única en los humanos actuales que puede explicar su prosocialidad, algo no observado en neandertales. Crédito: Thomas Ôrourke.

Y en efecto. Los resultados revelaron que BAZ1B afecta a un número significativo de genes que acumulan mutaciones en alta frecuencia en las poblaciones humanas actuales. Sin embargo, esta red genética no se encuentra en los genomas neandertales según los datos disponibles.

“Consideramos que esto significa que la red genética BAZ1B es una razón importante por la que nuestra cara es tan diferente en comparación con nuestros parientes extintos, los neandertales”, dijo Cedric Boeckx, profesor ICREA de la Sección de Lingüística General del Departamento de Filología Catalana y Lingüística General, líder de la investigación. “En el panorama general, proporciona la validación experimental por primera vez de la hipótesis de auto-domesticación basada en la cresta neural”.

Los investigadores concluyen que este estudio, además de proporcionar la primera evidencia de la domesticación humana, sugiere que el síndrome de Williams es “una ventana única de desarrollo neurológico atípico en la evolución de nuestra especie”.

Referencia:

Dosage analysis of the 7q11.23 Williams region identifies BAZ1B as a major human gene patterning the modern human face and underlying self-domestication. https://advances.sciencemag.org/content/5/12/eaaw7908