La artritis, término que engloba un conjunto de más de 100 enfermedades crónicas caracterizadas por la inflamación en las articulaciones, es una común enfermedad que afecta a millones de personas de todas las edades, sexos y razas, siendo más frecuente en mujeres y en los adultos mayores en general.

La sintomatología común de la artritis incluye hinchazón, dolor, rigidez y disminución del rango de movimiento. Estos síntomas pueden ir y venir, ser leves, moderados o severos, y aunque es posible que permanezcan casi iguales durante años, pueden progresar o empeorar con el tiempo, provocar dolor crónico e impedir a quienes padecen la enfermedad de realizar sus actividades diarias.

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Diana terapéutica

A pesar de ser una enfermedad común, aún no se tiene un entendimiento pleno de la enfermedad, por lo que hasta ahora no se cuenta con una cura para la artritis. Los tratamientos disponibles en la actualidad varían dependiendo del tipo de artritis (degenerativa, inflamatoria, infecciosa o metabólica), pero sus objetivos principales se enfocan en reducir los síntomas y en tratar de mejorar la calidad de vida del paciente.

Los síntomas comunes de la artritis incluyen hinchazón, dolor, rigidez y disminución del rango de movimiento.

En este contexto, los resultados de una reciente investigación realizada por científicos de la Universidad de Osaka en Japón ofrecen un nuevo objetivo que podría fundamentar el desarrollo de novedosas terapias para tratar la común y debilitante enfermedad.

Una de las formas más comunes de la enfermedad es la conocida como artritis reumatoide, la cual se caracteriza porque las células inmunitarias se dirigen erróneamente al tejido que recubre las articulaciones causando inflamación, dolor y rigidez.

Básicamente, en esta forma de artritis participan dos tipos de células: las inmunitarias, que generan los procesos inflamatorios que agravan el tejido que recubre las articulaciones, y un tipo de células llamadas osteoclastos, que secretan enzimas y ácidos que “disuelven” el hueso.

En su estudio, los investigadores descubrieron dentro de las articulaciones afectadas un tipo de osteoclasto involucrado en la enfermedad que hasta ahora era desconocido.

Un subtipo único

En un estado saludable, los osteoclastos remodelan el hueso, pero en las personas con artritis reumatoide, su capacidad de descomponer el hueso se acelera, lo que provoca dañó a las articulaciones. Este tipo de célula recubre la superficie ósea por debajo de las capas de cartílago y tejido, lo que dificulta su aislamiento, y por lo tanto su estudio.

La artritis es una común enfermedad que afecta a millones de personas de todas las edades, sexos y razas, siendo más frecuente en mujeres y en los adultos mayores.

Pero el equipo de investigación desarrolló una técnica quirúrgica que les permitió extraer osteoclastos de los fémures en modelos de ratón con artritis reumatoide, y compararlos con los osteoclastos de animales sanos.

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Al respecto, el investigador Tetsuo Hasegawa, del Departamento de Inmunología y Biología Celular de la Universidad de Osaka y autor principal del estudio, explicó:

“Rastreamos con precisión cómo se desarrollan los osteoclastos inductores de artritis a partir de sus células precursoras indiferenciadas. Mientras que los osteoclastos normales se derivan de las células madre de la médula ósea, encontramos que los osteoclastos implicados en la artritis reumatoide provienen de precursores transmitidos por la sangre. Los precursores circulantes entran en la articulación y se diferencian en un subtipo único de osteoclastos”.

Los autores del estudio califican este hallazgo como promisorio, dado que los osteoclastos implicados en este tipo de artritis tienen propiedades distintas que los hacen susceptibles a la orientación terapéutica, un descubrimiento que podría abrir la puerta a nuevas vías de tratamiento para la enfermedad.

Referencia: Identification of a novel arthritis-associated osteoclast precursor macrophage regulated by FoxM1. Nature Immunology, 2019. https://doi.org/10.1038/s41590-019-0526-7

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