Una vida puede durar 3 horas y media. A veces, puede ser lenta y melancólica, en algunas ocasiones, rápida y violenta, pero sin dudas, lo más importante de todo es que sea realmente memorable. Martin Scorsese empezó a despedirse.

Sin dudas, los seguidores más fieles de este director no podían aguantar la emoción de volver a ver al realizador de algunas de las mejores películas de Gángsters de la historia tomar por asalto una vez más este emocionante género por todo lo alto. Al Pacino, Robert De Niro, Joe Pesci, Harvey Keitel, lo mejor de lo mejor, sin lugar a dudas. 

Sin embargo, a nuestro modo de ver, si estás esperando algo como Casino, Goodfellas, Taxi Driver o Mean Streets quizás no te vayas completamente satisfecho porque esa no es la intención principal del director. Scorsese con The Irishman cierra un ciclo, se despide del cine gangsteril con toda su simbología y nos dice “Gracias por todo”.

Ya habíamos notado que Martin empezaba a explorar otros caminos con Hugo, El lobo de Wall street o Silence. Su renovación y búsqueda de algo distinto estaba dando frutos, sin embargo, su despedida al género de sus amores no podía pasar por debajo de la mesa.

The Irishman cumple todos los requisitos para ser una película de Scorsese. Mafia italiana en la Nueva York de los 50, simbología católica, asesinatos a sangre fría y una iluminación opaca, fría y lúgubre. 

Además, recorre de una manera espectacular la vida de Jimmy Hoffa, el legendario sindicalista del transporte quien en su momento llegó a ser uno los hombres más poderosos de los Estados Unidos, su misteriosa muerte lo ha elevado a la categoría de leyenda ya que nunca se hallaron sus restos. 

Todos los personajes son corajudos, fuertes e intensos. Sin embargo, el verdadero protagonista de este film es el tiempo, implacable y tenaz. Scorsese muestra inteligentemente el arco completo de todos sus personajes, los vemos comenzar sus carrera en el mundo de la mafia, crecer, llegar a su cúspide y morir, es decir, la vida misma, sin más que ver.

 

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Scorsese ha disfrazado un manifiesto existencial con un fino traje gangsteril, nos está diciendo que los tiempos cambiaron, que la visión es otra y que el, sin lugar a dudas estará allí para nosotros. 

La película, larga y de momentos lenta es, a nuestro modo de ver una metáfora de la vida misma, un viaje en sí (Un viaje ¿De Filadelfia a Detroit?) con vueltas de tuercas, actuaciones delirantes y momentos de mucha acción. Es una película hecha a la vieja escuela, con contenido a cuenta gotas, largos diálogos y mucha introspección.

Quizás 3 horas y media parezca mucho, pero pueden ser toda una vida.  

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