La WWW o World Wide Web es simplemente una parte fundamental de nuestro día a día. A través de esta plataforma es que somos capaces de aprovechar las bondades de internet para poder realizar diversas tareas.

Su creador, Tim Berners-Lee, la desarrolló con la intención de crear un espacio unificado e igualitario desde el cual las personas pudieran ingresar a internet, así como subir y bajar información. Con el paso de los años, otras nuevas plataformas como Google y Facebook han logrado ganar tanta popularidad que básicamente se han apropiado de estos espacios.

Tanto así que, en muchas oportunidades el difícil pensar en la web sin que estas compañías vengan a nuestra mente. Sin embargo, este monopolio informativo no era lo que Beners-Lee tenía en mente cuando creó los protocolos HTTP y HTML de lo que hoy conocemos como web.

Por ello, ha declarado este mismo año, en el aniversario 30 de la creación de la web, su vocación por comenzar a “salvarla”. En relación con esto, este domingo liberó un manifiesto conocido como Contract for the Web con la intención de ofrecer nuevas regulaciones con las que mejorar el ambiente que se vive dentro de ella.

Contract for the Web

Durante meses, desde la declaración de Berners-Lee en marzo, más de 80 organizaciones han trabajado en conjunto para poder desarrollar este contrato. Ahora que ha sido traído a la luz, es posible ver que más de 150 empresas y organizaciones no gubernamentales se han unido a esta causa y firmado su acuerdo con las regulaciones estipuladas en el contrato.

Nombres tan conocidos como Google, Facebook, Twitter, GitHub y Microsoft se han unido sin dudar a esta causa. Asimismo, otras organizaciones como World Wide Web Fundation también han dicho presente en este acuerdo.

Sin embargo, en él no solo se hace referencia a las empresas y organizaciones privadas. De hecho, el contrato también incluye secciones en las que se menciona a los ciudadanos y usuarios de la web así como a los gobiernos.

En total, el contrato consta de nueve principios: los primeros 3 para los gobiernos, el trio del medio para las empresas y el último tercio para la ciudadanía. En ellos, se estipula el nivel de responsabilidad de cada uno en el proceso de “salvar la web”. Sin embargo, contrario a lo esperado, la mayor responsabilidad, según el contrato, parece recaer en los ciudadanos.

Un contrato incompleto

Como lo hemos mencionado, al parecer, para Berners-Lee el poder de cambiar la web parece residir en los ciudadanos más que en cualquier otro entre. Asimismo, ve en los gobiernos y sus regulaciones el mayor peligro para la libertad de la misma.

Por ello, a los primeros se les avoca la labor de “pelear por la web” y a los segundos se les aplican variadas regulaciones que deberán cumplir para interferir en ella lo menos posible. ¿Falta algo? Sí, las empresas.

Dentro del contrato, estas parecen ser las que salen más beneficiadas, pues se encuentran relativamente libres de responsabilidad, así como de regulaciones. En la actualidad, es claro que estas, y sobre todo aquellas que manejan sus servicios a través de la web, forman gran parte del problema de monopolio de información e influencia que se presenta en nuestras sociedades.

No obstante, al parecer, según la visión de Berners-Lee, este no parece ser el verdadero problema. Ha sido por este motivo que el manifiesto que este había prometido, sería “revolucionario” ha caído más en la categoría de conservador.

Con tanto tiempo de trabajo, es sorprendente que este tema tan crucial fuera tan vagamente abordado. Es casi como si el contrato estuviera incompleto, para no pensar que el tema simplemente fue descartado.

¿Por qué la vibra vintage?

De un modo u otro, las declaraciones que se han realizado en este contrato hacen un poco de referencia al estilo abierto que la web tuvo en los años noventa. Es muy posible que la visión del Berners-Lee aún esté orientada hacia la meta que se veía en ese tiempo.

Sin embargo, es claro que las épocas han cambiado y es necesaria la presencia de una regulación mucho más estricta. Además, la orientación de la misma ya no debería ser tanto hasta la responsabilidad ciudadana y más hacia la social de las empresas y plataformas web que, durante años, han aprovechado el vacío legal que existe en el mundo virtual para llevar a cabo prácticas que, offline, jamás podrían.