En la era digital en la que vivimos, pasamos gran parte de nuestro tiempo ingresando en lo que conocemos como nuestros “perfiles virtuales”. Para ello, es necesario que creemos cuentas que nos permitan tener un registro personalizado de nuestras actividades y experiencias.

En un principio, las personas solo utilizaban las cuentas de este modo. Sin embargo, por motivos sociales y laborares, cada vez es mayor la tendencia a compartir este tipo de cuentas, ya sea por conveniencia o por comodidad.

En un estudio realizado el año anterior por CyLab con el profesor del Human-Computer Interaction Institute (HCII), Jason I. Hong, se determinó que las parejas tendían a compartir todo tipo de cuentas en diferente medida, pero que en todos los casos lo hacían de un modo que podía poner en peligro la seguridad de sus datos.

Ahora, Hong ha decidido ampliar un poco más la vista de su estudio y enfocarse en las consecuencias que esta tendencia puede generar en un ambiente laboral.

¿Cómo afecta el desempeño general el compartir cuentas en el trabajo?

Para poder identificar cuáles son las consecuencias de esta actividad, Hong y su equipo primero tuvieron que entrevistar y encuestar a una muestra de 98 trabajadores de distintas áreas.

Gracias a sus testimonios, primero fue posible notar que nuevamente había brechas de seguridad serias en el proceso de compartir los usuarios y las claves. De hecho, solo un caso de los encuestados reportó tener medidas de seguridad para manejar quién accede a las claves.

El resto de los trabajadores comentaron que las compartían verbalmente, a través de emails o que solo las dejaban anotadas en un lugar común. En pocas palabras, por cualquier descuido, un ente externo fácilmente podría tener acceso a esa información.

Asimismo, muchos trabajadores reportaron incomodidades en cuanto a la organización y a la experiencia de usuario. Por ejemplo, si uno de ellos leía un correo urgente, y no lo marcaba como importante o notificaba, existía una gran posibilidad de que el resto del equipo no lo pudiera leer.

Sumado a eso, como las cuentas están diseñadas para un solo usuario, el que estuviera anteriormente en la cuenta, terminaba siendo expulsado por aquel que intentaba entrar. Del mismo modo, existen otros que se quejaron de haber perdido el acceso a una cuenta por el error de un compañero al ingresar la contraseña equivocada demasiadas veces. En pocas palabras: caos organizacional.

¿Por qué la propensión a hacerlo?

Simple, por lo general se cree que este método podría ser más útil para unificar la imagen de la compañía a la hora de responder a personas externas a la misma. Del mismo modo, los usuarios reportaron manejar en conjunto al menos unas 11 cuentas laborales. Por lo que, no tendían a estar muy dispuestos a crear más, aunque estas sí llegaran a ser de uso particular.

En resumen, se pudo ver que la tendencia a estas cuentas compartidas se debe a un asunto de imagen corporativa y comodidad laboral. Sin embargo, no parece ser la mejor opción.

Las cuentas actuales no están diseñadas para compartirse

Como lo dice el investigador Hong, las cuentas actualmente no están preparadas para su uso compartido. Es por ello que generan tantos inconvenientes como los mencionados anteriormente.

Queda claro que las empresas y los trabajadores necesitan una alternativa que les mantenga sus beneficios, pero les otorgue una mejor experiencia de usuario. En ese caso, la recomendación de Hong es que los proveedores del servicio comiencen a incluir en ellos esta modalidad de una cuenta, varios usuarios –un poco al estilo de Netflix–, por poner un ejemplo, que de paso funciona.

Referencia:

Normal and Easy: Account Sharing Practices in the Workplace: https://doi.org/10.1145/3359185

Share and Share Alike? An Exploration of Secure Behaviors in Romantic Relationships: https://www.usenix.org/conference/soups2018/presentation/park