La idea de la Tierra como un todo integrado, un ser vivo, puede ser tan antigua como la humanidad. Los antiguos griegos le dieron el poderoso nombre de Gaia y la consideraron como una diosa.

Si bien este pensamiento tiene una larga tradición, no fue sino hasta la década de 1970 que el científico James E. Lovelock presentó formalmente una hipótesis que consideraba al mundo como un organismo viviente: la Teoría de Gaia.

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Idea materializada

James Ephraim Lovelock nació en Letchworth Garden City, Reino Unido, en 1919. Sus padres eran de clase trabajadora y tenían poca o ninguna educación formal. Su formación académica tuvo que superar las desventajas de su modesta posición socioeconómica; no obstante, en 1941, en la Universidad de Manchester se graduó como químico.

Después de graduarse, Lovelock fue reclutado para unirse al programa “Investigación en tiempos de guerra” del Instituto Nacional de Londres, donde perfeccionó en el trabajo interdisciplinario que se realizaba en ese momento.

La Teoría de Gaia ofreció una interpretación de la regulación a largo plazo del dióxido de carbono y el clima a través de la meteorización de rocas.

Una vez que terminó la guerra, el joven científico permaneció en el Instituto Nacional, donde realizó una investigación independiente sobre detectores químicos. Fue entonces que hizo un descubrimiento clave: el detector de captura de electrones, lo que catapultó su carrera.

Como científico interdisciplinario, James Lovelock empezó a definir la idea de una Tierra autorregulada controlada por la comunidad de organismos vivos, en septiembre de 1965, mientras trabajaba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, donde examinaba métodos de detección de vida en Marte.

La maduración de esa idea materializó la hipótesis que posteriormente sería conocida como la Teoría de Gaia, la cual establece que la atmósfera, la hidrosfera, los sedimentos superficiales y la vida en la Tierra se comportan dinámicamente como un único sistema fisiológico integrado.

Previsiblemente, esta propuesta generó reacciones en la comunidad científica, particularmente en algunos biólogos, quienes calificaron la teoría como “una religión malvada”, “una metáfora, no un mecanismo”, “radical y peligrosa”, e incluso se argumentó que contradecía la evolución darwiniana.

Teoría fructífera

Pero, las teorías científicas no se juzgan tanto por su acierto o su error como por el valor de sus predicciones. Desde esa perspectiva, la Teoría de Gaia ya ha demostrado ser tan fructífera que a estas alturas ya no importaría si estuviera equivocada.

Por ejemplo, entre muchas otras de estas predicciones, fue la sugerencia de que el compuesto dimetilsulfuro sería sintetizado por organismos marinos a gran escala para que sirviera como portador natural de azufre desde el océano hasta la tierra.

En la década de 1970 el científico James E. Lovelock presentó formalmente una hipótesis que consideraba al mundo como un organismo viviente: la Teoría de Gaia.

Se sabía entonces que algunos elementos esenciales para la vida, como el azufre, eran abundantes en los océanos pero se agotaron en las superficies terrestres. Según la Teoría de Gaia, se necesitaba un portador natural y se predijo sulfuro de dimetilo.

Ahora sabemos que este compuesto es en realidad el portador natural del azufre, pero en el momento en que se hizo la predicción, habría sido contrario a la sabiduría convencional buscar un compuesto tan inusual en el aire y el mar. Es improbable que su presencia hubiera sido buscada de no ser por el estímulo de la Teoría de Gaia.

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La Teoría de Gaia también ofreció una interpretación de la regulación a largo plazo del dióxido de carbono y el clima a través de la meteorización de rocas biológicamente asistida, una propuesta que fue confirmada 1989.

Aunque fue tildado de “científico loco”, el trabajo de James Lovelock, particularmente la Teoría de Gaia, le ha valido doctorados honoris causa en Ciencias de la Universidad de East Anglia (1982), la Universidad de Exeter (1988), la Universidad de Plymouth (1988), la Universidad de Estocolmo (1991) y la Universidad de Edinburgh (1993). A sus 100 años, Lovelock es miembro honorario del Green College de la Universidad de Oxford.

Referencias:

The Earth as a Living Organism. James E. Lovelock, Biodiversity, 1988. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK219276/

175 Faces of Chemistry – Dr. James Lovelock. Royal Society of Chemistry, 2014. https://rsc.li/2qEBFqU

Homage to Gaia. Journal of the Royal Society of Medicine, 2001. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1281465/

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