Cuando hablamos de la contaminación del aire, por lo general pensamos en las emisiones provenientes del transporte, las fugas domésticas de metano y los diferentes gases derivados de las grandes industrias. Pero en realidad el tema es más complejo, y puede estudiarse a niveles más reducidos como el ambiente de una oficina o una habitación.

Y aunque cuando llegamos al trabajo a primera hora de la mañana disfrutamos del perfume recién aplicado de nuestros compañeros de trabajo, el ambientador y el olor a oficina recién limpia, esto no necesariamente implica condiciones completamente saludables.

De hecho, sin saberlo, muchos trabajadores de oficina están expuestos a sustancias invisibles en el aire que incluyen ozono, dióxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles (COV). Estos últimos se han relacionado con efectos nocivos sobre la salud como fatiga, irritación de los ojos, nariz y garganta, dificultad para concentrarse, y cáncer.

Interesados por este tema, un equipo de investigadores de la Universidad de Purdue decidió medir la presencia de compuestos orgánicos volátiles en un entorno de oficina. Sus hallazgos fueron presentados en la Asociación Americana para la Conferencia de Investigación de Aerosol en Portland, Oregon.

Los humanos son la mayor fuente de COV

Los investigadores usaron un instrumento conocido como “The Nose”, un espectrómetro de masas altamente sensible capaz de detectar COV, ozono, dióxido de carbono y aerosoles. Además, integraron sensores de temperatura integrados en sillas de osinan para hacer seguimiento de la ocupaciónde 20 estudiantes graduados que pasaron sus días trabajando en Purdue’s Living Labs, una oficina abierta simulada para la investigación.

Los humanos fueron la mayor fuente de emisión de compuestos orgánicos volátiles dentro de las oficinas. La mayoría derivaba del simple hecho de estar vivos: respirar, salivar, etc.

Analizando los datos recolectados, descubrieron que casi 2,000 de estos compuestos provienen de los seres humanos, por el simple hecho de estar vivos: exhalar aliento, sudar, salivar, entre otros. De hecho, los humanos resultados ser la fuente dominante de COV en el aire de la oficina modelo.

Aunque es de notar la concentración de COV no fue la misma a lo largo día. Por lo general, alcanzó su punto máximo a mitad de la tarde, momento en el que los trabajadores estaban más ocupados.

Otras fuentes de compuestos orgánicos volátiles

Los autores destacan que las concentraciones de COV no solo variaban de acuerdo a la actividad de los humanos, sino también por el momento en que se limpiaba la oficina, el funcionamiento del sistema de ventilación o si alguien aplicaba un producto de cuidado personal.

También observaron que el ozono proveniente del aire exterior reaccionaba con las superficies interiores como paredes y muebles, y con los COV que emitían quienes estaban adentro. Y como indicó un estudio anterior, el ozono reaccionó con las grasas de la piel humana para formar nuevos compuestos orgánicos volátiles (efecto Pig-Pen).

El ozono también reaccionó con productos químicos conocidos como monoterpenos provenientes de una mandarina recién pelada, con lo cual se formaron nuevas partículas ultrafinas del tamaño de un nanómetro. Estos también provienen de artículos de cuidado personal.

En este caso, los compuestos volátiles provenientes de productos de cuidado personal alcanzaron su punto máximo en la mañana, cuando los recién graduados llegaban a la oficina recién aseados.

La presencia de D5

El área de reuniones era la zona de mayor concentración de D5, D4 y D6.

Los investigadores destacan la presencia de un químico llamado D5, presente en miles de productos de cuidado personal, a niveles tan altos como los del isopropeno en la respiración humana exhalada. Este se encontró en niveles relativamente altos en el área de reuniones, junto con otros compuestos relacionados llamados D4 y D6, aunque estos en menor proporción.

“Nuestros resultados preliminares sugieren que se pueden liberar cantidades similares de isopreno y D5 en el aire de la oficina. Es probable que las emisiones de D5 dependan de la cantidad y el tipo de productos de cuidado personal que llevan los ocupantes”.

Conviene destacar que aunque muchas investigaciones revisadas por organismos reguladores como la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. destacan que D4 y D5 no representan riesgos para la salud humana, los resultados no son concluyentes.

De hecho, la Unión Europea decidió regularlos, considerando D4, D5 y D6 como compuestos de gran preocupación, etiquetados dentro de las categorías PBT (persistente, bioacumulativo y tóxico) y vPvB (muy persistente, muy bioacumulativo). Además, se ha planteado la meta de limitar las concentraciones de D4 y D5 a 0.1 por ciento en productos de lavado como geles de ducha, espumas de afeitar y champús para 2020.

A pesar de que no se encontraron evidencias que relacionen ninguno de los componentes del aire interior con problemas de salud, sus resultados pueden ser de utilidad para diseñar oficinas mejor ventiladas y profundizar en el tema.

Referencia:

Dynamics of Volatile Organic Compounds in a Living Laboratory Office and HVAC System. http://aaarabstracts.com/2019/viewabstract.php?pid=771