Durante décadas, las clases se han formado reuniendo a estudiantes que tienen como máximo un año de diferencia de edad. Esta política, extensamente aplicada en muchos países, es una intervención destinada a reducir la diferencia de edad entre los estudiantes, la cual ha mostrado ser costosa en términos de formación de capital humano para los compañeros más jóvenes.

De hecho, se ha demostrado que los alumnos más jóvenes de una clase tienen más probabilidades de sufrir retención de grado, ser asignados a clases de recuperación, recibir calificaciones más bajas, saltarse las clases, y adicionalmente, son intimidados con mayor frecuencia y es menos probable que cubran roles de liderazgo en las actividades escolares.

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Situación desventajosa

Una nueva investigación realizada de manera conjunta por científicos de la Universidad de Tulane y la Universidad de Gante, estudió a unos 400.000 estudiantes de 31 países europeos, de entre 10 y 17 años, y ha descubierto que, aunado a estas desventajas ya identificadas, estos estudiantes relativamente jóvenes también tienen una red social débil.

Una red social débil alimenta una peor satisfacción con la vida de los estudiantes, que es un buen indicador de la insatisfacción en la edad adulta.

Los investigadores observaron que los estudiantes más jóvenes de una clase tienen menos amigos y prefieren interactuar con ellos a través de dispositivos tecnológicos (por ejemplo, chats en línea) en lugar de encontrarse con ellos cara a cara en actividades extraescolares.

Este resultado no es una simple curiosidad estadística. Las relaciones sociales débiles podrían implicar un peor desarrollo de las habilidades y relaciones sociales a largo plazo y, por lo tanto, afectar el bienestar y el éxito en el mercado laboral.

Del mismo modo, una red social débil también alimenta una peor satisfacción con la vida de los estudiantes, que es un buen indicador de su insatisfacción en la edad adulta.

Mejorar las relaciones sociales

Aunque no cabe duda de que se necesita más investigación para encontrar una posible solución, la sabiduría popular podría proporcionar algún alivio a la vida social de los compañeros de clase más jóvenes.

Los investigadores observaron que los estudiantes más jóvenes de una clase tienen menos amigos y prefieren interactuar con ellos a través de dispositivos tecnológicos.

Por ejemplo, en algunos países, el sistema escolar ubica a los estudiantes que nacieron de septiembre a agosto del año siguiente en la misma clase, mientras que sus equipos juveniles de fútbol agrupan a jugadores nacidos de enero a diciembre del mismo año.

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Eso significa que quien está entre los estudiantes más jóvenes de la escuela podría estar entre los jugadores mayores de los equipos juveniles de fútbol. Por lo tanto, la participación de estudiantes relativamente jóvenes en actividades deportivas puede ayudarles a formar y disfrutar de relaciones sociales más fuertes, lo que podría contrarrestar su situación desventajosa en la escuela.

Referencia: Relative age effect on European adolescents’ social network. Journal of Economic Behavior and Organization. 2019. https://doi.org/10.1016/j.jebo.2019.10.014

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