Cuando se habla de la salud humana, por lo general se hace mención de la alimentación, la cual debe ser balanceada, incluyendo una amplia variedad de nutrientes necesarios para los diferentes procesos que llevan a cabo las células.

Entre las recomendaciones suele figurar el omega-3, un ácido graso muy relacionado con el aceite de pescado, nueces y semillas de linaza, que parece ser útil en la reducción de los niveles de colesterol en la sangre.

De hecho, su consumo se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, artritis e incluso depresión. Ahora una nueva investigación publicada en la revista Cell revela la función de este ácido graso en los procesos energéticos y de acumulación de grasa del cuerpo.

La historia del cilio primario

Las células madre grasas cuentan con un pequeño apéndice parecido a un pelo que se conoce como cilio primario. Hace casi mil millones de años, los organismos unicelulares que existían en nuestro planeta contaban con una variedad de flagelos similares, pero en su evolución a criaturas multicelulares, los perdieron en su mayoría.

Como mencionamos en un estudio previo sobre las plantas terrestres, las formas de vida unicelular pasaron a ser multicelulares: nadaron primero en los océanos y luego se arrastraron hacia la tierra, y dicho cambio implicó procesos de adaptación a las nuevas condiciones en los que la mayoría de las células conservaron solo uno de estos flagelos.

Y como explicamos al principio, el cilio primario funciona como una antena altamente sensible capaz de detectar señales extremadamente sutiles provenientes del exterior de la célula. Esto a su vez permite regular sus funciones.

De ahi que los defectos en dicha antena celular generan alteraciones en el ritmo saludable del cuerpo, y de hecho, se han relacionado con la obesidad y la resistencia a la insulina, que como bien sabemos pueden derivar en condiciones crónicas como la diabetes.

Omega-3, la molécula que detecta el cilio primario

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El omega-3 promueve la división de las células madre grasas y la producción de nuevas células que almacenarán energía.

Los investigadores de la Facultad de medicina de la Universidad de Stanford estaban buscando la molécula de señalización que las células madre grasas detectaban como antenas conocida como cilios primarios.

Hasta ahora, solo sabían que ciertas enfermedades rara asociadas a un defecto en el cilio primario, hay estragos en los hábitos alimenticios. Las personas suelen tener hambre siempre y no pueden dejar de comer, por lo que desarrollan resistencia a la insulina y se vuelven obesas.

Pero durante su investigación se llevaron una sorpresa. La molécula que detectaban los cilios primarios era nada más y nada menos que el ácido graso omega-3. Según Peter Jackson, profesor de microbiología e inmunología y de patología y el autor principal del artículo, este hallazgo supone un vuelco en la historia de la influencia de la dieta sobre las células madre:

“Cuando vimos que la célula estaba respondiendo a los ácidos grasos omega-3, nos dimos cuenta de que esto había cambiado de una historia de biología molecular a una historia que mostraba la biología molecular de cómo la dieta controla las células madre”.

¿Cómo influye el omega-3 en la función de las células grasas?

Los investigadores descubrieron que cuando los ácidos grasos omega-3 se unen a un receptor llamado FFAR4 presente en los cilios de las células madre grasas, estas se dividen y, por consiguiente, crean más células grasas.

Esto parece ser lo más conveniente, puesto que proporciona al cuerpo más células grasas que pueden almacenar energía, algo necesario para el desarrollo de las diferentes funciones, y que es mucho más saludable que almacenar demasiada grasa en las células grasas ya existentes. Jackson explica que estas últimas están asociadas con resistencia a la insulina , diabetes e inflamación.

“Lo que quieres es más células de grasa pequeñas en lugar de pocas células de grasa grandes. Una célula de grasa grande no es una célula de grasa saludable. El centro está más lejos del suministro de oxígeno, envía malas señales y puede explotar y liberar contenido tóxico”.

En cambio, la presencia de grasas saturadas, que supone el bloqueo de la señalización ciliar del receptor FFAR4 no conduce a un aumento en la producciónde células grasas a partir de células madre, sino al proceso poco sano de añadir grasa a las ya existentes.

“En lugar de ver cómo la dieta se correlaciona con la salud, hemos pasado de molécula a receptor a célula para documentar por qué las ‘grasas saludables’ son beneficiosas y las ‘grasas no saludables’ contribuyen a la enfermedad”, explicó el autor principal Keren Hilgendorf.

Sin lugar a dudas, esos resultados pueden cambiar la forma en que se conciben los procesos de almacenamiento de grasa en una persona sana. Más allá del movimiento de la grasa dentro y fuera de las células, la relevancia parece residir en la creación de nuevas células grasas para la buena distribución de la energía en el cuerpo.

Referencia:

Omega-3 fatty acids’ health benefit linked to stem cell control, researchers find. https://medicalxpress.com/news/2019-11-omega-fatty-acids-health-benefit.html