Una característica definitoria del alcoholismo es el consumo compulsivo a pesar de las consecuencias negativas. Si bien la mayoría de las personas están expuestas al alcohol en algún momento de sus vidas, solo una pequeña fracción desarrolla un trastorno de consumo compulsivo.

Hasta ahora, los factores que determinan esta propensión a desarrollar problemas con la bebida observada en algunas personas son poco entendidos. Pero los resultados de un reciente estudio dan un paso en este sentido al identificar un circuito neuronal que controla el consumo compulsivo de alcohol en un modelo de ratón.

Consumidores compulsivos

El estudio, realizado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el Instituto Salk de Estudios Biológicos y la Universidad de Vanderbilt, encontró que la actividad en este circuito predice con semanas de anticipación qué ratones continuarán bebiendo cuando se les dé la oportunidad, a pesar de las consecuencias negativas.

El equipo analizó la actividad neuronal en dos regiones del cerebro juegan un papel en el consumo compulsivo de alcohol: la corteza prefrontal medial y la materia gris periacueductal dorsal.

Para el estudio, los investigadores inicialmente entrenaron a los ratones para asociar un sonido con la entrega de azúcar a través de un tubo en su recinto, y posteriormente, el azúcar fue reemplazada por alcohol. Al cabo de un tiempo, los investigadores mezclaron el alcohol con quinina, una sustancia que tiene un sabor amargo.

Durante una fase de “atracones”, durante dos o cuatro horas al día, los ratones fueron privados del consumo de alcohol o tuvieron acceso ilimitado. En una fase final, a los ratones se les dio alcohol nuevamente, y luego, alcohol más quinina.

De acuerdo al consumo observado, el equipo dividió a los ratones en tres grupos: los “bebedores bajos” cuyo consumo fue poco, los “bebedores altos” que inicialmente mostraron un consumo mayor, pero una vez que se reintrodujo la quinina, se abstuvieron de consumir, y un tercer grupo identificado como “compulsivo”, que bebió mucho y no fue desanimado por la quinina añadida.

Circuito identificado

Con esta información, el equipo analizó la actividad neuronal en dos regiones del cerebro que se saben juegan un papel en el consumo compulsivo de alcohol: la corteza prefrontal medial (mPFC), involucrada en el control del comportamiento, y la materia gris periacueductal dorsal (dPAG), una región del tronco encefálico mejor conocida por su papel en el dolor.

El estudio identificó un circuito neuronal que controla el consumo compulsivo de alcohol en ratones.

Los investigadores encontraron que la actividad en las neuronas del circuito mPFC-dPAG durante los primeros consumos de alcohol predijo cuáles ratones desarrollarían una bebida compulsiva, tres semanas antes de que el comportamiento realmente surgiera.

Los ratones compulsivos mostraron una mayor proporción de señales inhibitorias que excitadoras en este circuito, en comparación con los otros ratones. Los investigadores creen que este patrón de actividad cerebral interrumpe la transmisión de señales aversivas en el circuito mPFC-dPAG, reduciendo la sensibilidad a las consecuencia negativas.

Además de identificar un biomarcador cerebral para la susceptibilidad al consumo compulsivo de alcohol, el estudio revela un nuevo objetivo potencial para el desarrollo de terapias para el trastorno de consumo compulsivo, y posiblemente para trastornos por uso de sustancias en general.

Referencia: A cortical-brainstem circuit predicts and governs compulsive alcohol drinking. Science, 2019. https://doi.org/10.1126/science.aay1186