Históricamente, la terapia con opiáceos se ha considerado un componente importante de un programa de tratamiento integral para pacientes con dolor crónico. Recientemente se ha debatido la eficacia y la seguridad del tratamiento con opiáceos a largo plazo, en particular dada la creciente prevalencia de sobredosis relacionadas con este tipo de fármacos.

Aunque muchos pacientes se benefician de la terapia con opiáceos sin experimentar secuelas secundarias significativas, existe un subgrupo que puede desarrollar una variedad de efectos adversos, incluyendo disfunción vesical, prurito, estreñimiento, complicaciones cardíacas, cambios hormonales, dificultades cognitivas, sedación, adicción y trastornos del sueño.

Alteraciones significativas

La mayoría de los pacientes con dolor crónico reportan dificultades con algún tipo de trastorno del sueño, con una prevalencia estimada en más del 50 por ciento en esta población de pacientes.

Aunque muchos pacientes se benefician de la terapia con opiáceos sin efectos, algunos sufren secuelas adversas, incluyendo trastornos del sueño.

Los pacientes con dolor crónico que informan de alteraciones significativas del sueño tienen tasas más altas de depresión y ansiedad, así como mayores intensidades de dolor.

Existe evidencia sólida sobre una relación bidireccional entre el dolor y el sueño: un dolor crónico mal controlado puede reducir la calidad del sueño y, por el contrario, una calidad de sueño deficiente puede aumentar la intensidad del dolor.

Aunque el origen de los trastornos del sueño puede incluir un dolor mal controlado, en algunos pacientes, estos trastornos del sueño pueden atribuirse al uso de opiáceos. Además, hay pruebas significativas del efecto nocivo de los opiáceos sobre la respiración desordenada del sueño, incluyendo trastornos respiratorios como la hipoventilación relacionada con el sueño, la apnea central del sueño y la apnea obstructiva del sueño.

Si no se tratan, los trastornos respiratorios relacionados con el sueño pueden ser perjudiciales para la salud del paciente.

Uso crónico

En este contexto, una declaración de posición emitida por la Academia Americana de Medicina del Sueño (AAMS, por sus siglas en inglés), propone que los pacientes y los proveedores médicos deben ser conscientes de que el uso crónico de opiáceos puede interferir con el sueño, reducir su eficiencia y aumentar el riesgo de trastornos respiratorios del sueño.

Aunque muchos pacientes se benefician de la terapia con opiáceos sin efectos, algunos sufren secuelas adversas, incluyendo trastornos del sueño.

Al respecto, la doctora Rashmi Nisha Aurora, profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Rutgers y miembro de la junta directiva de la AAMS, comentó:

“Esta declaración aumenta la conciencia entre los proveedores de atención de la salud sobre los importantes eventos adversos que pueden ocurrir en pacientes de terapia opiácea crónica”.

El documento también destaca la necesidad de que los proveedores reconozcan y diagnostiquen los trastornos respiratorios relacionados con el sueño que se observan con frecuencia con el uso crónico de opiáceos.

Debido a la compleja relación entre el dolor, el sueño, el funcionamiento diurno y la terapia con opiáceos, se necesita una fuerte colaboración entre los especialistas en dolor, los médicos del sueño y los proveedores de atención primaria para optimizar el beneficio del paciente y minimizar las complicaciones cuando los opiáceos son parte de su terapia.

Referencia: Chronic Opioid Therapy and Sleep: An American Academy of Sleep Medicine Position Statement. Journal of Clinical Sleep Medicine, 2019. https://bit.ly/2KDPJrp