Dado que se ha demostrado rigurosamente que la obesidad es un contribuyente importante a ciertos tipos de problemas de salud, en las últimas décadas la percepción generalizada se ha inclinado a demonizar el exceso de grasa corporal.

El estándar social, marcadamente inclinado hacia la estética, con frecuencia asume que las personas con exceso de peso no hacen ejercicio y deben ser insalubres, una observación poco realista, ya que se puede tener sobrepeso y estar en forma.

Más allá de la apariencia estética

De hecho, a medida que envejecemos, los bajos niveles de forma física pueden ser más perjudiciales para nuestra salud que la sobreacumulación de grasa. Con esto en mente, y más allá de tener la pérdida de peso como única motivación para integrar el ejercicio en la rutina diaria, las personas deben tener presente que la actividad física proporciona muchos otros beneficios.

Uno de los principales favores de la actividad física es la obtención de un mejor estado cardiorrespiratorio, una medida de cuán lejos y fuerte puede correr sin necesidad de detenerse, o cuántas escaleras puede subir sin perder el aliento.

Se ha demostrado que las personas que hacen ejercicio, sin importar el tamaño o la forma de su cuerpo, tienen mejor salud mental y niveles más bajos de estrés, depresión y problemas emocionales.

Correr más tiempo, o subir más escaleras, revela un estado cardiorrespiratorio absoluto más alto que no se puede mejorar sólo con la pérdida de peso. Tener un índice de masa corporal (IMC) alto puede reducir la intensidad absoluta que se puede ejercitar, pero no significa que sea menos efectivo.

El ejercicio reduce el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, incluso en personas con enfermedades crónicas como la diabetes, independientemente de la grasa corporal. Del mismo modo, la actividad física ayuda a reducir la presión arterial, mejora el suministro de sangre en todo el cuerpo y reduce la inflamación, incluso en aquellos con sobrepeso.

Mejor salud mental

La actividad física regular mejora la capacidad del cuerpo para utilizar la energía. Almacenamos grandes cantidades de energía en forma de grasa, que es bastante difícil de descomponer, pero el ejercicio regular aumenta la capacidad del cuerpo para utilizar la grasa como fuente de combustible.

Esto no significa necesariamente que más ejercicio equivale a más pérdida de grasa, pero sí significa un recambio del volumen de grasa, típicamente reduciendo la almacenada en y alrededor de los órganos: la perjudicial grasa visceral.

Se asume ligeramente que las personas con exceso de peso no hacen ejercicio, una observación poco realista, ya que se puede tener sobrepeso y estar en forma.

En complemento, una plétora de investigaciones ha demostrado sistemáticamente que las personas que hacen ejercicio, independientemente del tamaño y la forma de su cuerpo, tienen mejor salud mental y niveles más bajos de estrés, depresión y problemas emocionales.

Estos beneficios de la actividad física se logran a través del flujo sanguíneo al cerebro, el aumento de la liberación de endorfinas que estimulas sentimientos de felicidad y ayudan a moderar la respuesta del cerebro al estrés.

Dicho esto, queda claro que hacer ejercicios centrados únicamente en la pérdida de peso o en mejorar la apariencia estética, es una visión miope de todos los beneficios que la actividad física regular aporta.

Referencias:

Appearance-based exercise motivation moderates the relationship between exercise frequency and positive body image. Body Image, 2014. http://dx.doi.org/10.1016/j.bodyim.2014.01.003

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Cardiovascular Effects and Benefits of Exercise. Frontiers in Cardiovascular Medicine, 2018. https://dx.doi.org/10.3389/fcvm.2018.00135

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