¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que nos hace sentir satisfechos y dejar de comer? Sí, solemos decir que tenemos el estómago lleno, y a nivel químico, sabemos que desde nuestro sistema digestivo se envían señales hacia el cerebro, y este responde que ya es suficiente por el momento.

Sin embargo, dicho así suena muy simple para la ciencia, y es por ello que un grupo de investigadores liderado por el neurocientífico de la Universidad de California San Francisco, Zachary Knight, se propuso indagar en el tema encontrando que no solo se trata de sentir el estómago lleno.

La cirugía bariátrica es eficaz en adolescentes con obesidad

Los mecanismos detrás de la sensación de saciedad

El intestino cuenta con una extensa red de terminaciones nerviosas que interviene en el control de las cantidades que se ingieren. Estas supervisan el contenido del estómago y el intestino para luego enviar señales al cerebro, por medio de las cuales se aumentará o disminuirá el apetito.

Se pensaba que solo las estructuras del estómago intervenían en el control del apetito, pero se encontró que el protagonismo reside en el intestino.

Muchos científicos creen que este proceso involucra terminaciones nerviosas sensibles a las hormonas en el intestino que cumplen la función de rastrear los nutrientes y calcular cuándo ha sido suficiente. Y a pesar de tener certeza de ello, hasta el momento no se habían identificado aún el tipo exacto de neuronas que envían dichas señales al cerebro, aunque se sabe que todas estas lo logran a través de una estructura gigante llamada nervio vago.

Con el fin de averiguar qué terminaciones del nervio vago son las responsables de ello, el equipo de laboratorio hizo un mapeo minucioso de las identidades moleculares y anatómicas de los tipos de células sensoriales vagales que inervan el estómago y el intestino.

Receptores de estiramiento en el intestino

Los investigadores aplicaron una técnica llamada optogenética, por medio de la cual pudieron estimular con luz grupos específicos de neuronas, a fin de evaluar su capacidad particular de hacer que los ratones hambrientos dejaran de comer.

Como era de esperar, al estimular las neuronas IGLE que perciben el estiramiento del estómago, los animales dejaron de comer. Sin embargo, su hipótesis de que los diferentes tipos de terminaciones mucosas con detección de hormonas en el intestino podrían intervenir en el proceso fue descartada. Ninguna de estas influía en la alimentación de los animales.

En cambio, el hallazgo más relevante los tomó por sorpresa. Estimular los receptores de estiramiento IGLE en el intestino demostró ser mucho más efectivo para eliminar el apeitto en los ratones hambrientos, incluso mucho más que estimular los receptores de estiramiento estomacales.

“Esto fue bastante inesperado, porque el dogma en el campo durante décadas ha sido que los receptores de estiramiento estomacal perciben el volumen de alimentos que se comen y los receptores hormonales intestinales perciben su contenido energético”.

La razón por la que la cirugía bariátrica es eficaz

Los resultados también parecen haber dado respuesta a la misteriosa eficacia de la cirugía bariátrica para promover el apetito a largo plazo y al mismo tiempo permitir la pérdida de peso en casos de obesidad mórbida.

Inicialmente, se pensaba que la razón por la que la cirugía bariátrica funcionaba era porque los alimentos pasan muy rápidamente del estómago al intestino. Pero los nuevos hallazgos sugieren que la comida que entra tan rápidamente estira el intestino, y activa los sensores de estiramiento vagal, lo cual bloquea el apetito.

“Identificar el mecanismo por el cual la cirugía bariátrica causa la pérdida de peso es uno de los mayores problemas sin resolver en el estudio de la enfermedad metabólica, por lo que es emocionante que nuestro trabajo pueda sugerir un mecanismo fundamentalmente nuevo para este procedimiento. En la actualidad, sin embargo, esta idea es una hipótesis que aún debe ser probada”.

Ahora no solo se sabe que la responsabilidad de la limitación del apetito mientras comemos no solo reside en el estómago, sino también en el intestino estirado, que parece tener mayor relevancia en ello.

Referencia:

Genetic identification of vagal sensory neurons that control feeding. https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(19)31181-X

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