Las aves son criaturas antiguas. Todos los halcones, gorriones, palomas y pingüinos vivos hoy tienen raíces ancestrales que se remontan al Jurásico, cuando las primeras aves eran solo otra forma de dinosaurio con forma de rapaz.

Docenas de fósiles descubiertos y descritos durante las últimas décadas han iluminado gran parte de esta profunda historia, pero como bien lo demuestra un reciente hallazgo, el registro fósil aún puede dar sorpresas.

Evolución del vuelo

En el año 2013, en la cantera de dinosaurios de Kitadani de Japón, un equipo de paleontólogos descubrió los restos fosilizados de un dinosaurio volador de 120 millones de años, un hallazgo que podría cambiar nuestra idea de qué adaptaciones eran esenciales para desarrollo de vuelo.

Un fósil llamado Archaeopteryx, encontrado en Alemania, son los restos más antiguos conocidos de un ave. Fukuipteryx prima, le sigue.

Los restos fósiles pertenecían a un pájaro madrugador, y uno inusual. Los investigadores, que llamaron al ave Fukuipteryx prima, fecharon al ejemplar en el Cretácico temprano, un período de hace 145 a 100 millones de años durante el cual la evolución del vuelo apenas estaba despegando.

Esta es la primera especie de madrugador de la época que se encuentra fuera de China, y a pesar de que este espécimen probablemente no podría volar muy lejos, el fósil contiene un hueso que los investigadores pensaban que solo se desarrolló más tarde.

En general, Fukuipteryx prima se parece mucho a algunas de las primeras aves que evolucionaron unos 30 millones de años antes durante el Jurásico. Los dedos que terminan en garras, por ejemplo.

Pero la cola de Fukuipteryx es corta y termina en una estructura esquelética llamada pigostilo, un triángulo de vértebras fusionadas justo en la base de la cola. La estructura soporta las plumas de la cola, y los investigadores pensaron que se trata de una característica que apareció en conjunto con el desarrollo del vuelo en dinosaurios convertidos en aves.

Este hallazgo significa que el pigostilo pudo haberse desarrollado por otras razones en el linaje de las aves y solo se volvió útil para el vuelo más adelante en la evolución. Pero esta es una teoría que requiere de mayor soporte para poder ser confirmada.

Forma tridimensional

El hallazgo de Fukuipteryx prima también fue único en otros aspectos, ya que mantuvo su forma tridimensional en el lodo mientras se fosilizaba, algo que generalmente no sucede.

Aunque no están seguros de cómo sucedió esto, los paleontólogos especulan que los restos óseos pudieron haberse fosilizado rápidamente y los minerales filtrados en los huesos huecos evitaron ser aplastados por el peso del suelo.

Los investigadores pensaban que el pigostilo, una estructura esquelética que soporta las plumas de la cola, apareció con el desarrollo del vuelo.

Gracias a esta particularidad, el equipo tuvo la capacidad de realizar una tomografía computarizada y construir todo su físico, a pesar de la falta de algunos de los huesos.

Basados en esta reconstrucción, los investigadores piensan que este espécimen estaba al borde del vuelo completo.

Los apéndices en forma de brazo son más largos que las piernas, lo que indica que se usaron como alas, pero el dinosaurio carecía de los robustos huesos del pecho necesarios para un verdadero vuelo, por lo que esta ave probablemente alcanzaba volar solo distancias cortas.

Los investigadores señalan que este hallazgo puede indicar que la proliferación temprana de aves a través de la última parte del Jurásico y la primera parte del Cretáceo tomó formas más variadas de lo que los expertos reconocen ahora.

Referencia: An unusual bird (Theropoda, Avialae) from the Early Cretaceous of Japan suggests complex evolutionary history of basal birds. Communications Biology, 2019. http://dx.doi.org/10.1038/s42003-019-0639-4