Se cree que Yersinia pestis, la bacteria que causa la plaga, es responsable de hasta 200 millones de muertes en la historia humana, más del doble de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

Este asombroso número de muertes proviene de tres brotes de enfermedades generalizadas, conocidas como epidemias: la peste justiniana del siglo VI que devastó el Imperio Romano del Este; la Peste Negra del siglo XIV que mató entre el 40 y el 60 por ciento de la población europea; y la Tercera Pandemia en curso, que comenzó en China a mediados del siglo XIX y actualmente afecta a miles en todo el mundo.

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Durante mucho tiempo se pensó que la enfermedad mortal comenzó a infectar a los humanos justo antes de la primera epidemia, pero investigaciones recientes de paleogenética revelan que la peste ha estado con nosotros por milenios.

Antes de lo pensado

Investigadores recuperaron ADN antiguo de la bacteria de esqueletos humanos de hasta 4.900 años, lo que significa que las personas se estaban contrayendo y muriendo por la peste al menos 3.000 años antes de que haya evidencia arqueológica o histórica de una epidemia.

Bacteria Yersinia pestis, responsable de la muerte de alrededor de 200 millones de personas.

Para identificar casos de peste antigua, los investigadores extrajeron ADN de la pulpa dental de esqueletos antiguos y buscaron el código genético de la bacteria Y. pestis. Si los dientes fósiles lo contenían, era seguro asumir que esa persona murió de peste.

El análisis de ADN patógeno también reveló cómo la bacteria Y. pestis ha evolucionado con el tiempo. Los genomas más antiguos recuperados pertenecen a un linaje ahora extinto, al que le faltaban ciertas mutaciones que hacen que la peste sea tan contagiosa para los humanos.

Hasta ahora, el genoma de la peste más antiguo data de alrededor del año 1800 a. C. encontrado en el valle de Samara, Rusia. Las mutaciones también se identificaron en un esqueleto de la Edad del Hierro de Armenia que data del 950 a. C.

Estos datos sugieren que la forma más contagiosa de peste ha estado infectando a los humanos durante casi 4.000 años. Pero no hay indicios de epidemias en las sociedades antiguas de Rusia y Armenia, a pesar del hecho de que algunas personas murieron por la cepa de la peste altamente contagiosa.

Incidencia humana

Para ahondar en esta cuestión, los investigadores analizaron si las poblaciones del 1800 a.C. en el Valle Samara y la Edad de Hierro de Armenia se comportaron de manera diferente a las personas en el Imperio de Justiniano.

Para ello, se establecieron las condiciones que hacen que una población sea más o menos vulnerable a un brote, y se identificaron criterios que se sabe que están asociados con la virulencia de la peste, o cuán infecciosa es la bacteria, incluyendo la densidad poblacional, el almacenamiento y el desperdicio de alimentos, entre otros

Luego, sobre la base de estos criterios, se realizó una comparación de tres poblaciones utilizando datos arqueológicos e históricos.

Investigadores extrajeron ADN de la pulpa dental de esqueletos antiguos y buscaron el código genético de la bacteria causante de la mortal enfermedad.

Para la peste justiniana, la cultura de Constantinopla creó una tormenta perfecta de condiciones para una epidemia. Un centro urbano congestionado, grandes almacenes de alimentos, que creaban lugares ideales para la cría de roedores, y el floreciente comercio introdujo la especie de rata, Rattus rattus, de la India, identificada como la principal portadora de pulgas que albergan la peste.

En contraste, los estilos de vida en Samara y Armenia pueden haber mantenido a raya la epidemia. Poblaciones eran significativamente más móviles y menos congestionadas que Constantinopla.

La poblaciones de Samara y Armenia no se distinguieron ser ser agricultores, lo que redujo la posibilidad de roedores. Ambas poblaciones se beneficiaron potencialmente de una alta proporción de caballos, que se sabe, tienen un efecto protector de la peste.

Si bien Samara y Armenia vieron víctimas ocasionales de la enfermedad, la estructura de sus sociedades probablemente los protegió de la devastación causada en Constantinopla.

La dura realidad es que es extremadamente difícil controlar un patógeno, sus posibles mutaciones o su próximo brote. Pero comprender cómo los comportamientos humanos afectan la propagación y la virulencia de una enfermedad puede ser útil para los esfuerzos de reducir la propagación de infecciones.

Referencias:

Ancient pathogen genomics as an emerging tool for infectious disease research. Nature Reviews Genetics, 2019. https://doi.org/10.1038/s41576-019-0119-1

Microevolution and history of the plague bacillus, Yersinia pestis. PNAS, 2004. https://doi.org/10.1073/pnas.0408026101

Yersinia pestis and the plague. American Journal of Clinical Pathology, 2003. https://doi.org/10.1309/DQM9-3R8Q-NQWB-FYU8

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