Pocos pueden dudar a día de hoy que el inglés es absolutamente básico para cualquier estudiante en formación, sea lo que sea a lo que se dedique. El lenguaje anglosajón es uno de los tres más utilizados en el mundo y se ha ganado su hueco de privilegio en las ramas más destacadas de nuestra civilización. Sin ir más lejos, cualquiera que se quiera dedicar a la ciencia tiene que dominar con soltura el inglés, tanto en comprensión como en expresión. Y sin duda el mejor indicativo de ello son los sistemas educativos.

El idioma por excelencia que se aprende en las escuelas es el inglés. Cierto es que no todos los países imponen que en sus centros educacionales tenga que impartirse, pero al final los estudiantes acaban recurriendo a él de una forma u otra. En este sentido están ganando mucho peso los nuevos sistemas de educación online, que permiten aprender en cualquier lugar y en cualquier momento el idioma que se prefiera. Las app móviles son una herramienta novedosa a tener muy en cuenta, aunque sea para un toma de contacto básica. Pero no solo se puede aprender un lenguaje básico, sino también un nivel mucho más técnico. Para ello están los cursos especializados y enfocados a las materias solicitadas.

Esta clase de recursos son ideales para personas que terminan con sus estudios y que al dar el salto al mercado laboral se encuentran con la barrera del idioma. Una barrera complicada de superar, pero que los expertos ya están advirtiendo que podría dejar de ser un problema de aquí a unos años. La ciencia tiene como idioma oficial el inglés, pero esto podría cambiar en el futuro. De hecho, no siempre fue así y como en cualquier otra materia existen ciclos en los que se van produciendo altibajos y virajes. El inglés podría estar más cerca de lo que pensamos de sufrir uno.

El monolingüismo científico

Antes de irnos al futuro, mejor echar un vistazo al pasado y entender cómo el inglés se convirtió en único idioma válido para la ciencia. Si repasamos los textos científicos de hace dos siglos nos daremos cuenta que había proliferación de otros idiomas como japonés o chino, y en especial al alemán y el ruso. El francés también tenía su difusión, mientras que el inglés representaba aproximadamente un tercio de los escritos de la época. A raíz de los comienzos del siglo XX se desmarcaron inglés, alemán y francés, a partes bastante igualadas.

Era el dialecto germano el que tomaba el favoritismo para convertirse en idioma único, pero, como no podía ser de otra manera, la política se interpuso en ese recorrido. Con el auge de la Primera Guerra Mundial y la posterior llegada del nazismo, el alemán sufrió trabas continuas que le hicieron perder poder en el mundo científico. Las potencias que se posicionaron en su contra en el conflicto lo boicotearon, incluidos a académicos e intelectuales de la época. Los artículos en este idioma comenzaron a tener menos difusión y menos lectores, y por lo tanto, perdió importancia.

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El ascenso de Hitler fue el cambio definitivo para que el alemán desapareciera del mapa. La situación del país dificultaba mucho la llegada de científicos venidos de fuera de las fronteras y potenciaba la salida desesperada de puristas nativos hacia otros países con mayores libertades y con una estabilidad propicia para realizar su trabajo. En esos nuevos territorios se adaptaron al idioma que se hablaba y en su mayoría era el inglés. Y en medio de todo este proceso, el francés tampoco pudo mantenerse en esa primera escala mundial, por lo que hacia la década de los 50 el idioma anglosajón ya había tomado mucha delantera.

El profesor Michael Gordin, historiador de la Universidad de Princeton de Estados Unidos, explicó mucho mejor este proceso de cambios drásticos en una entrevista para la cadena BBC. El experto asegura que, a mitad de siglo, el 50% de los textos de mayor relevancia ya estaban escritos en inglés, y que hacia los 70 se produjo el paso definitivo hacia la supremacía lingüística científica, incrementando el porcentaje hasta el 90%. Era demasiado tarde para retroceder y toda la comunidad se adaptó a la situación que se vivía.

¿Por qué ahora un nuevo cambio?

Si la situación ha estado tan estable, ¿por qué se iba a modificar ahora el escenario idiomático? Desde España, el doctor Fernando Navarro, vocal del Comité Técnico de MEDES (Medicina en Español), comentó en la presentación de uno de sus libros que todo proceso tiene sus ciclos y que como tal estos suelen ser cambiantes. Un poco en la misma línea que Gordin, cree que idiomas como el español no se pueden permitir el lujo de aceptar que el inglés es la única lengua válida para la divulgación científica y avisa de los peligros que esto puede conllevar.

El más lógico es el hecho de que se de mucha más importancia a un texto que está escrito en inglés que a otro que esté escrito en otro idioma. En esos casos se daría más relevancia al caché que al propio texto en sí, y se podrían desechar avances muy importantes para el mundo de la ciencia. El español es actualmente el segundo idioma que más se habla, por encima del inglés y por detrás del chino mandarín, por lo que en estos dos últimos podrían estar las claves del cambio.

Estos dos expertos, junto a una gran comunidad de científicos con el mismo pensamiento, apuntan a que podría volverse al modelo “trilingüista” del pasado, lo que daría mucha más variedad y posibilidades a la industria. Aunque ni por ello piensan que los cambios vayan a producirse de un día para otro, ni que el inglés no deba ser importante en el día a día de la ciencia. Pero también se producen casos de mentes brillantes que pierden su interés por la ciencia por el simple hecho de que no son buenos aprendiendo idiomas, y eso es un desastre para una materia que necesita renovarse continuamente.

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