Mandíbula Gigantopithecus blacki. Crédito: Wei Wang.

Varios dientes extraños fueron vendidos en las farmacias de Hong Kong y el sur de China como “dientes de dragón”, los cuales debían molerse para su uso dentro de los estándares de la medicina china.

Sin embargo, cuando en 1935, el antropólogo Gustav von Koenigswald encontró varios en estos establecimientos notó que eran especialmente grandes, pero simiescos. Lo resaltante de ello es que eran mucho más grandes que los molares de cualquier otro fósil o primate vivo.

Al estudiarlo y compararlo con cuatro huesos de la mandíbula fosilizados del que hoy se conoce como Gigantopithecus blacki, una especie extinta de primate que vivió en Asia durante el Pleistoceno, los científicos pensaron que podía tratarse de una animal gigante de casi tres metros de altura.

Representación artística de Gigantopithecus blacki. Crédito: Ikumi Kayama.

El problema es que aunque la investigación se remonta a 1935, los investigadores no habían podido comprobar si este animal pertenecía a la familia de los orangutanes de hoy, los simios africanos de hoy o a una completamente diferente.

Pero ahora un equipo de investigadores ha dado en el clavo para conocer la genealogía de esta especie. Juntando y analizando los datos de proteínas en el esmalte de un diente fosilizado con una edad de 1.9 millones de años hallado en la Cueva Chuifeng en el sur de China, encontraron evidencia que les permite confirmar que el Gigantopithecus blacki es un primate.

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Gigantopithecus Blacki está emparentado con los orangutanes

Un equipo liderado por Frido Welker, un genetista evolutivo de la Universidad de Copenhague, examinó las piezas dentales del G. blacki a fin de encontrar muestras intactas de proteínas (péptidos) que puede conservarse durante unos pocos millones de años, las cuales son una buena referencia para este tipo de estudios.

Mandíbula del G. Blacki. Crédito: Wei Wang.

Entonces en un procedimiento científico, disolvieron pequeñas cantidades de esmalte de un molar perteneciente al presunto primate y aplicaron la técnica de espectrometría de masas para identificar más de 500 péptidos que coincidían con seis proteínas.

Una vez obtenida dicha información, la compararon con las mismas seis proteínas que poseen varios simios vivos actuales como orangutanes, gorilas y monos, entre otros, y encontraron mayor similitud con los primeros. El estudio reveló que G. Blacki tiene una relación estrecha con los orangutanes, de los cuales se separó entre hace 10 y 12 millones de años.

“Hasta ahora, todo lo que se sabía sobre esta especie se basaba en la morfología de dientes y mandíbulas, propios de un herbívoro”, comentó Enrico Cappellini, investigador principal en la Universidad de Copenhague, “ahora, el análisis paleoproteómico nos ha permitido reconstruir la antiquísima historia evolutiva de este pariente lejano de los sapiens”.

Información genética conservada en dientes fósiles

El paleoantropólogo Russell Ciochon de la Universidad de Iowa en Iowa City, que no participó en el estudio, no solo destaca la importancia de este estudio por haber confirmado la pertenencia del G. Blacki a los orangutanes. También hace énfasis en que por primera vez se demuestra que los dientes fósiles pueden retener información genética resistente al paso del tiempo en regiones cálidas y húmedas, donde es mucho más fácil que se descomponga.

“Ahora, sabemos que podemos recuperar [información genética] de algo que tiene casi 2 millones de años de un entorno subtropical”, le apoya el paleogenético Cappellini.

Cappellini explica que tanto antes como después de la muerte, el esmalte contiene minerales que permiten mantener el agua afuera de su estructura, y sin agua, este es mucho más resistente a la descomposición.

Partiendo de ello, han surgido nuevas ideas para llevar a cabo estudios de este tipo basados en el análisis del esmaltes de los dientes de otros fósiles, incluso para indagar en la relación entre G. Blacki y los grandes simios que habitaron India y Pakistán.

Referencia:

Enamel proteome shows that Gigantopithecus was an early diverging pongine. https://www.nature.com/articles/s41586-019-1728-8

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