El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una afección de salud mental que se desencadena por un acontecimiento aterrador, ya sea que la persona lo experimente o lo presencie. Los síntomas pueden incluir recuerdos retrospectivos, pesadillas y ansiedad, así como pensamientos incontrolables sobre el evento.

La mayoría de las personas que pasan por eventos traumáticos pueden tener dificultades temporales para adaptarse y hacer frente, pero con el tiempo y un buen cuidado personal, generalmente mejoran.

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Relaciones afectadas

En caso de que los síntomas empeoren duren meses, incluso años, e interfieran con el funcionamiento diario, puede ser necesaria una intervención psicológica para reducirlos y mejorar la calidad de vida.

Los niños suelen ser una fuente de resiliencia y una motivación para participar activamente en un tratamiento para reducir o eliminar los síntomas del TEPT.

Los síntomas del trastorno de estrés postraumático pueden comenzar dentro de un mes después de un evento traumático, pero a veces los síntomas pueden no aparecer hasta años después del suceso.

Además de interferir con la capacidad para realizar las tareas diarias regulares, estos síntomas causan problemas importantes en situaciones sociales o laborales y en las relaciones afectivas y familiares, particularmente en la relación entre los padres y sus hijos.

En este particular aspecto, una investigación encontró que el TEPT puede tener varios efectos negativos en los padres, como un aumento en la frecuencia de regaños, gritos o incluso, episodios de violencia física hacia los hijos.

Más allá de las experiencias negativas

Durante la investigación, realizada por científicos de la Universidad de Bath, en Reino Unido, los autores entablaron conversaciones “profundas” con los padres, las cuales revelaron cómo sintieron que su TEPT había cambiado su comportamiento.

Algunos pacientes expresaron sentirse más enojados o malhumorados. Otros mencionaron que el juego ruidoso de los niños les resultaba angustiante, lo que les hacía gritarles o salir de la habitación.

El TEPT puede tener varios efectos negativos en los padres, incluyendo regaños, gritos o incluso, episodios de violencia física hacia sus hijos.

Entre los padres examinados había una sensación de que su TEPT les impedía realizar ciertas actividades familiares, como ir a centros comerciales o visitar el cine. Esto les hizo sentir que estaban decepcionando a sus hijos porque no podían hacer lo que hacen los “padres normales”.

Pero subyacente a estas experiencias negativas, había un mensaje claro: el TEPT no perjudica el amor de los padres por sus hijos ni les impide querer lo mejor para ellos.

Los investigadores explican que retirarse de una habitación ruidosa no era una señal de no estar dispuesto a unirse, sino un esfuerzo por preservar el tiempo de juego de sus hijos sin llegar al punto límite.

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Además, no poder realizar ciertas actividades condujo a un pensamiento más creativo sobre la mejor manera de pasar tiempo con sus hijos. De tal forma, en lugar de ir al cine, podrían alquilar una película en casa y celebrar una “noche de cine”.

Es frecuente que, como resultado de su trastorno de estrés postraumático, los padres tiendan a tener dificultades para ver los aspectos positivos de su crianza. Dicho esto, la investigación ha encontrado que los niños suelen ser una fuente de resiliencia y una motivación para participar activamente en una terapia, lo que destaca por qué es tan importante recibir un tratamiento formal efectivo para el TEPT.

Referencia: The impact of parental posttraumatic stress disorder on parenting: a systematic review. European Journal of Psychotraumatology, 2019. https://doi.org/10.1080/20008198.2018.1550345

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