Aunque existen múltiples teorías que compiten sobre dónde y cómo comenzó la vida, por mucho tiempo el consenso científico ha sido que hace alrededor de 4 mil millones de años, nuestros antepasados ​​eran moléculas simples que giraban en una “sopa primordial”.

Ese caldo tenía los ingredientes correctos (metano, agua de amoníaco, una pizca de rayos energizantes) para nutrir los primeros compuestos orgánicos. En un momento, la sopa se desbordó de los estanques poco profundos y la química de la vida, en su forma más simple, se derramó y se multiplicó.

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Elemento fundamental

Pero en los últimos años, muchos científicos han planteado que la llamada sopa primordial de la vida no se “cocinó” en estanques poco profundos, y han favorecido la hipótesis de que la fuente original de vida en la Tierra fueron los hidrotermales de las profundidades del océano.

Sin embargo, uno de los mayores problemas con esta idea es que los investigadores no han podido recrear en laboratorio uno de los procesos clave que habrían estado involucrados si esta teoría fuera cierta.

La protocélula es considerada el elemento fundamental más básico para toda la vida en la Tierra.

Específicamente, no han podido formar membranas celulares simples en condiciones similares a las presentes en las trincheras más profundas del océano, específicamente las fisuras calentadas en el fondo marino en regiones volcánicamente activas, lo que la mayoría está de acuerdo en que se habría requerido para crear los primeros organismos vivos.

Con evidencia experimental sólida, los hallazgos de una reciente investigación dirigida por científicos del Colegio Universitario de Londres (UCL), agregan peso a la teoría de que los hidrotermales de las profundidades del océano fueron la verdadera cuna de la vida.

La clave de sus hallazgos fue la humilde protocélula, considerada el elemento fundamental más básico para toda la vida en la Tierra. Los científicos pudieron replicar la formación de protocélulas en un entorno muy similar al encontrado en un respiradero hidrotermal.

Un buen lugar

Para los nuevos experimentos, los investigadores involucraron una mayor diversidad de ácidos grasos y alcoholes grasos. El ambiente hidrotermal similar a un respiradero permitió la producción de protocélulas.

El calor ayudó a las moléculas con cadenas de carbono más largas a combinarse y formar protocélulas o vesículas. La solución alcalina ayudó a las protocélulas a mantener su carga eléctrica, y el agua salada permitió que los ácidos grasos formaran enlaces más estrechos, asegurando que las vesículas permanecieran intactas.

En referencia a los resultados, el investigador Sean F. Jordan, catedrático en el Centro de Orígenes y Evolución de la Vida del Departamento de Genética, Evolución y Medio Ambiente del UCL y coautor del estudio, expresó:

“En nuestros experimentos, hemos creado uno de los componentes esenciales de la vida en condiciones que reflejan más los ambientes antiguos que muchos otros estudios de laboratorio”.

Por mucho tiempo se ha pensado que la vida se originó de una “sopa primordial” en estanques poco profundos.

Si bien aún no es posible afirmar dónde se formó la vida por primera vez, los resultados de esta investigación muestran que no se puede descartar la posibilidad de que la vida surgió de respiraderos hidrotermales en aguas profundas.

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Pero, más allá de rastrear el origen de la vida en la Tierra, las conclusiones de este estudio podrían tener implicaciones en la búsqueda de vida extraterrestre.

Los científicos han encontrado indicios de actividad hidrotermal bajo el agua en las lunas de Saturno y Júpiter, y si existe vida en otros planetas, los respiraderos hidrotermales serían un buen lugar para buscarla.

Referencia: Promotion of protocell self-assembly from mixed amphiphiles at the origin of life. Nature Ecology & Evolution, 2019. http://doi.org/10.1038/s41559-019-1015-y

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