En principio, la inseguridad alimentaria se define como la disponibilidad limitada o incierta de alimentos nutricionalmente adecuados y seguros. Pero también significa la incapacidad de adquirir alimentos sin recurrir a medios socialmente inaceptables, como el robo.

El problema de la inseguridad alimentaria es particularmente pronunciado entre las personas de raza afroamericana, que colectivamente tienen el doble de probabilidades que los caucásicos a sufrir inseguridad alimentaria.

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Necesidad insatisfecha

Según las estimaciones más recientes, en Estados Unidos, alrededor de 37 millones de personas viven en hogares con inseguridad alimentaria. Esto incluye a casi 7 millones de jóvenes de 10 a 17 años de edad.

No solo se trata de hambre, la inseguridad alimentaria tiene consecuencias perjudiciales tanto para el presente del adolescente, como para su oportunidad en el futuro.

Los adolescentes en estos hogares son más propensos a saltarse comidas o a no comer por un día entero porque no disponen de los medios económicos para satisfacer su necesidad de comer. Ante esta situación, algunos optan por tomar agua, comer comida chatarra o simplemente duermen con la intención de no sentir el hambre.

Por desesperación, algunos adolescentes –pocas veces pero con demasiada frecuencia– se encuentran robando en tiendas, en citas transaccionales, “intercambiando sexo” por comida o microtrafincando con drogas para tener acceso a la comida.

Sin una nutrición adecuada, los adolescentes experimentan los efectos a corto plazo de la inseguridad alimentaria, como dolores de estómago, dolores de cabeza y falta de energía. Para muchos es frecuente tener dificultades para concentrarse en clases o incluso para mantenerse despiertos mientras están en la escuela.

A largo plazo, la inseguridad alimentaria puede tener efectos en condiciones de salud física, como asma, anemia, obesidad y diabetes. También tiene un impacto en la salud mental y cognitiva de los jóvenes, incluyendo, por un lado, ansiedad, depresión, dificultad para llevarse bien con los compañeros, abuso de sustancias e incluso pensamientos suicidas; mientras que por otro lado, exhiben tasas de aprendizaje más lentas y puntuaciones más bajas en matemáticas y lectura.

Oportunidad de futuro

Estos adolescentes viven en hogares elegibles para recibir asistencia alimentaria gubernamental a través del Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés).

Sin una nutrición adecuada, los adolescentes experimentan dolores de estómago, de cabeza y falta de energía, y tienen tasas de aprendizaje más lentas y puntuaciones más bajas.

Las familias que se amparan a este programa reciben mensualmente una transferencia electrónica de fondos para comprar alimentos, en promedio 1,39 dólares por comida.

Para hacer frente a la epidemia de la inseguridad alimentaria de los adolescentes y sus consecuencias, los jóvenes sugirieron aumentar los beneficios de los cupones de la asistencia alimentaria para poder adquirir alimentos adicionales.

Con el mismo propósito, los adolescentes recomendaron animar a otros jóvenes que padecen de inseguridad alimentaria a participar en deportes escolares o programas extracurriculares donde se sirven comidas, y enfatizan en la necesidad de desarrollar e implementar programas de capacitación laboral, a fin de ayudar a los adolescentes a adquirir habilidades que les permitan romper el ciclo de la pobreza y el hambre.

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La inseguridad alimentaria no sólo provoca hambre. En cambio, sus consecuencias son perjudiciales tanto para el estudiante como para su oportunidad en el futuro, así como para la sociedad en general.

Para muchos de estos estudiantes, asistir a la universidad, quizás como la primera persona en su familia en hacerlo, abre la puerta a la oportunidad de obtener logros educativos, empleo en el futuro y redes sociales sólidas.

Referencias:

The effect of food insecurity on health status of adolescents in Ethiopia: longitudinal study. BMC Public Health, 2017. https:///doi.org/10.1186/s12889-017-4406-5

Food insecurity and hunger: A review of the effects on children’s health and behaviour. Paediatrics Child Health, 2015. https://doi.org/10.1093/pch/20.2.89

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