Si bien los grupos antivacunas se han hecho muy populares en los últimos años, la comunidad científica y médica sigue manteniendo su posición respecto a ellas: las vacunas son absolutamente necesarias para evitar la propagación de enfermedades graves y reducir la mortalidad en niños y la población en general.

Una de las más importantes es la vacuna contra el sarampión, una enfermedad antigua ya erradicada en muchos países, pero que ha vuelto a relucir en algunos países europeos recientemente. Desde 2018, la vacunación reducida ha llevado a un aumento de casi el 300 por ciento de las infecciones por este virus, y el impacto podría ser mayor de mantenerse y propagarse esta tendencia.

La vacuna contra el sarampión no solo puede proteger al individuo de la infección por el virus de la familia paramyxoviridae y género Morbillivirus, sino también de muchas otras enfermedades. Y es que cuando este ataca al organismo, ocasiona una especie de “amnesia” en su sistema inmunitario, impidiéndole recordar y mantener sus defensas contra otras enfermedades para las que ya ha sido vacunado, como la neumonía, la gripe, el resfriado común y el virus del papiloma humano.

Esta vulnerabilidad ocurre incluso después que el individuo se haya recuperado del sarampión, y puede mantenerse durante meses, e incluso años. Mucha razón tiene el genetista Stephen Elledge de la Facultad de Medicina de Harvard al referirse a la vacuna contra el sarampión como “un cinturón de seguridad para el sistema inmunológico”.

“Sabemos que los cinturones de seguridad protegen contra lesiones en la cabeza que pueden causar amnesia. El virus del sarampión también es como un accidente: puede darle amnesia inmune. Piense en el sarampión como un accidente que puede prevenir de manera paralela”.

Evidencia científica de la “amnesia” causada por el sarampión

Dos estudios han confirmado que la infección de sarampión nubla la memoria de los anticuerpos, y sus resultados dejaron evidencia de esta vulnerabilidad, aunque esto no es un descubrimiento reciente en realidad.

El sarampión puede borrar la mayoría de los anticuerpos contra otras enfermedades, dejando al niño especialmente vulnerable.

En el primer estudio, se reunieron niños vacunados y no vacunados cuyas edades iban de 4 a 17 años, y se descubrió que el sarampión logró barrer hasta el 73 por ciento de los anticuerpos de ellos. Pero en cambio este efecto no se observó en aquellos niños que sí habían recibido la vacuna contra el virus.

En el segundo estudio, los macacos expuestos al virus del sarampión también perdieron de 21 a 35 por ciento sus anticuerpos preexistentes contras enfermedades, de manera similar a como ocurrió con los humanos.

Se han hecho estudio en primates no humanos que han demostrado que el virus del sarampión reemplaza las células de memoria viejas con su propia alternativa, y da prioridad a la inmunidad contra este virus pero descuidando la de otros patógenos.

En otra investigación se confirmó el mecanismo detrás de este espeluznante efecto. El sarampión infecta las células T y las células B de memoria en el sistema inmune, y de esta forma, elimina todo el rastro de inmunidad contra infecciones pasadas.

“Imagine que su inmunidad contra los patógenos es como llevar un libro de fotografías de delincuentes, y que alguien lo golpee dejando un montón de agujeros en ellas”, explicó el epidemiólogo Michael Mina. “Sería mucho más difícil reconocer a ese criminal si los vieras, especialmente si se perforan agujeros sobre características importantes para el reconocimiento, como los ojos o la boca”.

No es el sarampión lo que causa la muerte, es la amnesia inmunitaria

Incluso antes de que se lanzara la vacuna contra este virus, los epidemiólogos demostraron que el sarampión abarcaba hasta el 50 por ciento de toda la mortalidad infantil, pero esto no era principalmente por la enfermedad, sino por la falta de inmunidad.

Dicho esto, cabe plantear la pregunta asomada por Duane Wesemann, de la Facultad de Medicina de Harvard:

“Cómo la infección por sarampión tiene un efecto nocivo tan duradero en el sistema inmunitario al tiempo que permite una inmunidad robusta contra sí misma ha sido una pregunta inmunológica candente”.

Pero no todo está perdido. Realmente la situación no es tan desalentadora si consideramos las alternativas existentes para solventarla. Los anticuerpos perdidos por la infección pueden reponerse con los famosos refuerzos de vacunas, y esta es la forma que recomiendan los médicos para reponer las defensas de los niños luego de haber contraído el virus.

Referencia:

Measles Immune Suppression: Lessons from the Macaque Model. https://journals.plos.org/plospathogens/article?id=10.1371/journal.ppat.1002885

Incomplete genetic reconstitution of B cell pools contributes to prolonged immunosuppression after measles. https://immunology.sciencemag.org/content/4/41/eaay6125