Los murciélagos vampiro (Desmodontinae) son una subfamilia de mamíferos que, como hace alusión su nombre, se alimentan de la sangre, entrando así en el rango de dieta hematofagia. 

Se conocen tres especies diferentes: el vampiro común (Desmodus rotundus), el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata) y el vampiro de alas blancas (Diaemus youngi), todas originarias de América, extendiéndose desde México a Brasil, Chile, Argentina y Uruguay.

Ahora bien, una investigación publicada recientemente en la revista Current Biology se centró en estudiar las relaciones entre los vampiros comunes, y descubrió que cuando estos viven en cautiverio, se hacen amigos entre ellos y mantienen relaciones fuertes, las cuales perduran incluso cuando se liberan a la naturaleza. 

Los vampiros comunes establecen amistades en cautiverio

Los investigadores capturaron 17 murciélagos comunes provenientes de una colonia salvaje y los mantuvieron en cuativerio junto con sus seis crías durante un período de dos años. En sus experimentos, dejaron de alimentar a algunos de los individuos capturados por intervalos de 26 a 28 horas.

En varias oportunidades se ha observado que esta especie prepara y comparte sus alimentos, que por lo general son sangre de ganado, mostrando un fuerte sentido grupal. Y esto fue comprobado por los investigadores que, cuando los introdujeron en el grupo, observando que sus compañeros mejor alimentados se mostraron muy empáticos y serviciales para con ellos, acicalándolos y compartiendo comida parcialmente digerida con ellos. 

Y gracias a este tipo de comportamiento, con el tiempo parecía haber relaciones estrechas, o amistades entre ellos, pues con frecuencia preparaban e intercambiaban comida con los mismos pocos compañeros, tal como ocurre entre los humanos. 

Relaciones que se mantuvieron incluso en libertad

Los murciélagos vampiros comunes en cautiverio establecieron relaciones estrechas que se mantuvieron incluso luego de haber sido liberado. Foto: Frederico Acaz Sonntag/Flikr.

Una vez culminado el plazo, los investigadores instalaron pequeños rastreadores en los murciélagos y los liberaron hacia una colonia existente ubicada en un árbol hueco, de la cual también tomaron 27 individuos salvajes para instalarles los dispositivos. De esta forma, pudieron hacerles seguimiento durante ochos días seguidos.

Y notaron que las relaciones establecidas en cautiverio se mantuvieron, pues muchos de estos amigos siguieron compartiendo su tiempo en libertad. Se posaban uno cerca del otro, lo cual resaltaba entre los movimientos aleatorios observados entre los otros cientos de murciélagos de dicha colonia. 

Los autores sugieren que esas relaciones quizás fueron más que un efecto secundario derivado de su tiempo en cautiverio, donde no tenían demasiados similares con los cuales interactuar. 

Discriminación entre los murciélagos

Sin embargo, no todos los vínculos fueron longevos. Algunos de ellos se disolvieron durante el período de seguimiento, aunque esto observó más en las relaciones entre los murciélagos cautivos que habían sido tomados de su vida salvaje y aquellos que nacieron en el laboratorio. 

Y de hecho, estas relaciones parecieron ser un impedimento para integrarse dentro de la colonia en la que fueron liberados, pues la mayoría de los nacidos en cautiverio mostraron marcas de mordiscos y signos de pelea con otros. Luego de apenas seis días, todos los murciélagos que nacieron en cautiverio habían abandonado el árbol hueco para ubicarse en pastos más verdes, quizás en busca de más alimento sangriento.

Referencia:

Vampire Bats that Cooperate in the Lab Maintain Their Social Networks in the Wild. https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(19)31364-8