La vida, tal como la conocemos en nuestro planeta, es resultado de una confluencia extraordinaria de elementos y eventos realmente únicos. La prueba más visible es que, a pesar de los grandes esfuerzos realizados por los científicos, aun no se conoce ningún otro planeta que cuente con las condiciones para soportar la vida.

A juzgar por la Tierra, la receta para que un planeta tenga vida debería incluir agua, carbono, suficiente luz y calor, gravedad y una atmósfera. Pero los resultados de una reciente investigación sugieren otro ingrediente esencial: impactos de asteroides y cometas, en las cantidades correctas.

Químicos necesarios

Cuando un objeto golpea un planeta, suceden dos cosas: el material del objeto se adiciona a la masa del planeta y parte de la atmósfera alrededor de la zona de impacto es expulsada al espacio.

Los mejores candidatos son los impactos de asteroides y cometas de tamaño mediano, los que se encuentran en el rango de 20 a 1.000 metros de diámetro.

En impactos verdaderamente gigantes, parte de la atmósfera también se arranca del otro lado del planeta, lo que significa que se pierde un poco más. Pero eso no significa que un aspirante a mundo natal deba omitir los impactos por completo.

Si un planeta quiere desarrollar las condiciones necesarias para la vida, es mejor pertenecer a una categoría media de planetas que absorben muchos impactos importantes, pero no tantos como para perder sus atmósferas.

Como explica el investigador Mark C. Wyatt, profesor en el Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio:

“Eso es porque es casi seguro que los planetas necesiten los llamados ‘volátiles´ en sus atmósferas para germinar. Los volátiles son productos químicos, como el agua y el dióxido de carbono, que pueden hervir a bajas temperaturas”.

Toda la vida que conocemos depende del agua y el carbono para mantenerse a un nivel químico básico, y los científicos creen que las propiedades de esos químicos son necesarios para que surja la vida en cualquier parte del universo.

Repartidores de volátiles

Pero no todos los planetas comienzan con las concentraciones necesarias de volátiles. Al principio de su vida, las estrellas se distingue por ser mucho más brillantes, y ese brillo extra es lo suficientemente caliente como para literalmente tostar todo el polvo suelto en la región que eventualmente se convertirá en la zona habitable de la estrella.

Esas altas temperaturas tempranas probablemente eliminan el agua y otros volátiles del polvo que eventualmente se convertirán en planetas habitables. Entonces, después de que se forman los planetas y la estrella se enfría, estos orbes rocosos necesitan adquirir sus volátiles de otro lugar.

La investigación sugiere que para que un planeta tenga vida debe experimentar impactos de asteroides y cometas, en las cantidades correctas.

Es allí cuando los objetos perdidos que vagan por el espacio toman protagonismo, ya que pueden servir como “repartidores” de volátiles. En los modelos desarrollados, los investigadores encontraron que los mejores candidatos son los impactos de asteroides y cometas de tamaño mediano, los que se encuentran en el rango de 20 a 1.000 metros de diámetro, ya que tienden a agregar más a la atmósfera de lo que restan.

Las simulaciones realizadas mostraron que los impactos de asteroides más grandes, de aproximadamente 2 a 20 kilómetros de diámetro, tienden a tener el efecto contrario: eliminarían más atmósfera de lo que agregan.

Los autores del estudio sugirieron en el modelo desarrollado que los impactos de cometas y asteroides podrían haber moldeado las atmósferas de la Tierra, Marte y Venus.

En el futuro, señalaron los investigadores, hay más para aprender sobre cómo este trabajo puede explicar nuestro propio Sistema Solar, particularmente el papel de los impactos gigantes.

Referencia: Susceptibility of planetary atmospheres to mass loss and growth by planetesimal impacts: the impact shoreline. ArXiv, 2019. https://arxiv.org/pdf/1910.10731.pdf