Muchas películas se han aprovechado del recurso de la bioluminiscencia para llevarnos a parajes naturales como salidos de otro planeta. Una y otra vez, nos maravillamos con la visión de los patrones de brillo, color y vida que se retratan en ellas.

Al verlas, estamos convencidos de que esos son fenómenos que no podríamos presenciar en la Tierra. Sin embargo, esta percepción podría no ser tan acertada.

La verdad es que, a pesar de no encontrarse en las enormes cantidades que se ven en la fantasía y en la ciencia ficción, la bioluminiscencia también es una parte integral de nuestro mundo. Hasta la fecha, se han ubicado algunos hongos y unos pocos insectos que poseen esta magnífica cualidad.

Hasta la fecha, había sido posible ubicar hongos bioluminiscentes en América del Sur, así como algunas especies de insectos con la misma cualidad. No obstante, ninguno había emitido tonos de luz azules como el espécimen que pudieron ubicar la Rafaela L. Falaschi y su equipo.

El primer insecto con bioluminiscencia azul del trópico

En Suramérica, ya se habían presentado evidencias de la presencia de otros insectos bioluminiscentes. Pero, todos estos emitían solo luces verdes, amarillas o rojas, nunca azules. Gracias a este detalle fue que, tanto Falaschi como el resto de los investigadores pudieron notar que se encontraban frente a una nueva especie.

El nombre que esta recibió fue Neoceroplatus betaryiensis, y su primer avistamiento ocurrió en Sao Paulo. Específicamente, se lo pudo localizar en el bosque lluvioso de la zona del Atlántico.

Solo las larvas emiten luz

Las larvas fueron aquellas que llamaron la atención de los investigadores. Al estudiarlas, pudieron notar que estas debían ser una variante de una especie de mosquito de la zona.

Asimismo, también fueron capaces de determinar que, en su etapa adulta, esta especie pierde sus cualidades bioluminiscentes. De hecho, estas solo existen mientras las larvas habitan las cavidades oscuras de los troncos huecos o putrefactos.

Cuando se pudieron llevar especímenes de estos al laboratorio, también detallaron más en las características físicas de la larva. Fue por esto que pudieron determinar que esta cuenta siempre con tres zonas bioluminiscentes principales. Dos de ellas se encuentran a la altura de los ojos de la larva y la última –un poco más alargada que las anteriores– se ubica en la parte final de la cola del insecto.

Una pequeña (pero importante) anomalía

Sabiendo estos detalles sobre las características bioluminiscentes de la larva, fue muy extraño para los investigadores encontrar un espécimen que contaba con más puntos de brillo.

Luego de llevarla al laboratorio, de la larva, no surgió el esperado mosquito, sino otra avista endémica de la zona –conocida por colocar sus huevos en las larvas de otras especies. Aún estos estudios se encuentran en sus primeras etapas, por lo que aún hay mucha información que se desconoce.

Es por este motivo que, los investigadores se preguntan si las anomalías en la bioluminiscencia se deberían a la acción de la avista o a otras causas. En el primer caso, se podría decir que la “infección” causada con la misma pudo alterar los patrones bioluminiscentes. Pero, también existe la posibilidad de que se deba a procesos más comunes, como una división entre las larvas macho y hembra de la especie. Para poder tener las respuestas de esto, primero hará falta profundizar más en la investigación.

¿A dónde vamos con esto?

Con el mismo motivo de comprender mejor a las larvas, fue necesario comprender cuáles eran los compuestos que las volvían naturalmente bioluminiscentes. Al hacer una comparativa con muestras de otras especies que ya tenían almacenadas en el laboratorio, fue posible notar que poseían el mismo compuesto que les daba sus cualidades lumínicas.

El nombre por el que este se conoce es luciferase y luciferin, que, además, siempre viene acompañado de la presencia de la proteína SBF. Ahora que se tienen estas nuevas muestras, el equipo tiene la intención de estudiarlas para comprender cómo sintetizar por su cuenta este compuesto.

Aseguran que, para estos momentos, saben exactamente cuáles son los elementos que lo componen y las proporciones de los mismos. Sin embargo, aún no saben de qué forma química y molecular estos se unen. Para esto, se avocarán a realizar nuevos experimentos que les permitan determinar la combinación correcta.

Referencia:

Neoceroplatus betaryiensis nov. sp. (Diptera: Keroplatidae) is the first record of a bioluminescent fungus-gnat in South America: https://doi.org/10.1038/s41598-019-47753-w