La inminente llegada de la celebración de Halloween entusiasma a muchos, especialmente a los niños. Durante esta festividad emergen los disfraces, y los niños van de casa en casa enunciando la famosa frase “trick or treat” (truco o trato, en inglés) recibiendo golosinas a cambio.

La celebración de Halloween ha sido una tradición en los Estados Unidos y otros países durante más de un siglo. Sus orígenes siguen siendo turbios, pero se pueden identificar huellas en los antiguos festivales celtas, las primeras vacaciones católicorromanas, las prácticas medievales e incluso la política británica.

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Halloween tiene sus raíces en el antiguo festival celta precristiano de Samhain, que se celebraba la noche del 31 de octubre. Los celtas, que vivieron hace 2 milenios en el área que ahora es Irlanda, el Reino Unido y el norte de Francia, creían que los muertos regresaban a la Tierra en Samhain. En la noche sagrada, la gente se reunía para encender hogueras, ofrecer sacrificios y rendir homenaje a los muertos.

“Truco” antes del regalo

Las celebraciones en Inglaterra se parecían a las conmemoraciones celtas de Samhain, completadas con hogueras y disfraces de trajes hechos con pieles de animales, lo que tenía la intención de ahuyentar a los visitantes fantasmas.

Al mismo tiempo, los pobres visitaban las casas de familias más ricas y recibían pasteles a cambio de la promesa de rezar por las almas de los familiares muertos de los propietarios, una práctica llamada “souling”, la cual, años más tarde, fue adoptada por los niños, que iban de puerta en puerta pidiendo regalos.

Sin embargo, en lugar de comprometerse a rezar por los muertos, los niños cantaban una canción, recitaban un poema, contaban un chiste o realizaban cualquier otro tipo de “truco” antes de recoger su regalo, que generalmente consistía en frutas, nueces o monedas, una recompensa que con el pasar de los años se redujo a golosinas.

Aunque esto no suene como algo alarmante, al final de las celebraciones, los niños –y muchos adultos– han ingerido una cantidad obscena de golosinas y otros dulces, lo que implica un consumo de azúcar particularmente extravagante, más en un contexto que ya enfrenta amenazas a la salud asociadas con comer demasiada azúcar.

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Cantidades alarmantes

No abundan estudios científicos que determinen la cantidad de dulces ingeridos en Halloween, pero los reportes de venta de minoristas y otros informes de la industria, sugieren que el niño promedio puede consumir alrededor de tres tazas de azúcar, aproximadamente 7.000 calorías de dulces.

En la noche sagrada, la gente se reunía para encender hogueras, ofrecer sacrificios y rendir homenaje a los muertos.

Para poner en perspectiva, eso es alrededor de 675 gramos de azúcar, o lo mismo que masticar unos 169 cubos de azúcar estándar.

Utilizando datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Unión de Científicos Preocupados señala que los niños estadounidenses de entre 2 y 19 años consumen en promedio 124 gramos de azúcar, o 29 cucharaditas, todos los días. Los adolescentes (de 12 a 19 años) consumen un promedio de 161 gramos de azúcar al día.

Esta ingesta proviene de todo tipo de fuentes, incluidos alimentos procesados, bebidas azucaradas y refrescos, y por supuesto, los dulces, caramelos y otras golosinas tan populares en esta celebración.

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En el año 2016, la Asociación Americana de Cardiología (American Heart Association) recomendó que los niños de 2 a 18 años de edad deben consumir menos de 25 gramos de azúcar agregada diariamente, y no es difícil ver por qué.

Un creciente número de investigaciones sugiere que el exceso de azúcar agregada en la dieta, tiene vínculos con el cáncer y está fuertemente relacionado con la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, así como a otras enfermedades mortales.

No solo el azúcar

Pero el problema no es solo el azúcar. Existen otros ingredientes en los alimentos procesados cuyo consumo en exceso se sabe tienen efectos perjudiciales en la salud, particularmente en los niños.

Por ejemplo, hay un ingrediente muy dulce que se encuentra en muchos alimentos disponibles para los niños: el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (JMAF), el cual se ha relacionado con una variedad de afecciones de salud comunes como diabetes, obesidad, enfermedades cardíacas, caries y más.

El cuerpo no procesa el JMAF de la misma manera que el azúcar; de hecho, atraviesa el hígado. La inclusión e ingesta crónica de JMAF en la dieta puede conducir a la enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Otra gran preocupación con los dulces y otros alimentos son los múltiples colorantes químicos y colorantes alimentarios incorporados en estos productos. Los colorantes alimentarios sintéticos son los sospechosos más probables cuando se trata de desencadenar problemas de conducta en los niños, incluso si solo comen una pequeña cantidad.

Los reportes indican que el niño promedio puede consumir alrededor de 675 gramos de azúcar, equivalente a masticar 169 cubos de azúcar estándar.

No hay que olvidar que no solo los dulces contienen estos componentes; los colorantes alimentarios también se encuentran en vitaminas, jugos artificiales, cereales, pasta de dientes y en muchos de los alimentos envasados.

Diferentes síntomas y enfermedades

Otro ingrediente común que se encuentra en miles de productos comestibles, como refrescos dietéticos, chicles, cereales comerciales, barras de granola, dulces, productos horneados y muchos más, es el aspartamo.

La investigación y la historia de los peligros del aspartamo son concluyentes y lo identifican como causa de enfermedad y reacciones tóxicas en el cuerpo humano. El aspartamo es el denominador común para docenas de diferentes síntomas y enfermedades, como trastornos neurológicos, cánceres, enfermedades endocrinas y más.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando comemos azúcar?

Pareciera que nada escapa al efecto perjudicial que produce la alta ingesta de azúcar en el cuerpo. Investigaciones la han relacionado con un impacto negativo de la función del sistema inmunitario, el aprendizaje, el estado de ánimo, el sueño y hasta el comportamiento.

Si las golosinas de Halloween y otros dulces son parte de la cultura familiar, es recomendable que, antes del aluvión de azúcar, los niños tengan una comida sana, equilibrada y llena de proteínas.

Tener el estómago lleno puede ser una estrategia efectiva contra el consumo en exceso de dulces y puede ayudar a mantener el “monstruo” de la azúcar bajo control.

Adicionalmente, es recomendable fomentar la actividad física, manteniendo a los niños en movimiento, eso incluye cantar, bailar, hacer manualidades, saltar, correr, jugar, montar bicicleta, entre otras actividades.

Referencias:

Impact of sugar on the body, brain, and behavior. Frontiers In Bioscience, 2018. https://www.bioscience.org/2018/v23/af/4704/2.htm

Added sugar displaces food groups lowering quality of preschooler diet. Penn State News, 2005. https://bit.ly/323KhUy

The hazards of Halloween. CMAJ, 2000. https://www.cmaj.ca/content/163/8/1045

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